Fabricio Portelli junto a Andres Rosberg en Vinorama
Una figura clave del enoturismo porteño da el siguiente paso
Lorena Mulet, reconocida enóloga y gestora de experiencias vitivinícolas, asume la dirección de los espumosos en Bodega Gamboa, un movimiento que marca un punto de inflexión en la democratización del acceso a la experiencia del vino en la región metropolitana. Su llegada a esta bodega ubicada a apenas 15 kilómetros de Buenos Aires representa no solo un cambio en la estructura de una casa productora, sino un giro estratégico hacia la consolidación del enoturismo como fenómeno accesible y de calidad en la zona norte del conurbano.
Mulet llega con un pedigree envidiable en la escena local. Como discípula de Pedro Rosell, una de las figuras más influyentes en la definición del perfil de los espumosos argentinos, trae consigo una filosofía que equilibra la excelencia técnica con la democratización de la experiencia enológica. Este es un punto crucial: no se trata de bajar estándares de calidad, sino de hacer que esa calidad sea accesible a un público más amplio, tanto geográficamente como en términos de barreras de entrada cultural y económica.
La geografía como ventaja competitiva
La ubicación de Gamboa es determinante en esta estrategia. Estar a 15 kilómetros de Buenos Aires significa que el enoturismo deja de ser un viaje de fin de semana hacia Mendoza o Salta para convertirse en una experiencia de proximidad, perfecta para públicos que buscan sumergirse en la viticultura sin abandonar la región metropolitana. Esta accesibilidad geográfica abre la puerta a que nuevas audiencias descubran los espumosos argentinos en contexto, conociendo no solo el producto final sino el proceso y la filosofía detrás de cada botella.
En un país donde Buenos Aires concentra la mayor población y poder adquisitivo, tener una propuesta de enoturismo de calidad a esa distancia es un cambio de paradigma. No es casualidad que Gamboa apueste por potenciar esta ventaja con el liderazgo de Mulet. Su nombramiento responde a una visión clara: transformar la bodega en un hub de experiencias enológicas que irradie hacia la periferia portuaria y el conurbano, sectores históricamente alejados del circuito de bodegas boutique.
El impacto en la escena vitivinícola local
La presencia de una figura como Mulet en Gamboa impacta directamente en cómo se percibe la calidad de los espumosos fuera de los circuitos tradicionales. Su experiencia previa en gestión de experiencias vitivinícolas, sumada a su formación técnica bajo la tutela de Rosell, posiciona a la bodega como una propuesta seria y sofisticada. Esto genera un efecto indirecto valioso: eleva el estándar de conversación sobre espumosos argentinos en territorios que hasta ahora no tenían acceso a ese nivel de expertise.
El enoturismo, entendido como experiencia integral que combina educación, degustación, gastronomía y patrimonio, deja de ser un lujo reservado para enófilos consolidados. Con Mulet al frente de los espumosos en Gamboa, la propuesta se vuelve inclusiva sin ser superficial, accesible sin renunciar a la profundidad. Esto es especialmente relevante en un momento donde el consumidor argentino busca cada vez más experiencias auténticas, que le permitan conectar con el origen de lo que consume.
Un modelo replicable para la región
Lo que sucede en Gamboa en los próximos meses será observado atentamente por el resto de la industria. Si Mulet logra consolidar una propuesta de enoturismo de calidad a escala accesible, el modelo podría replicarse en otras bodegas cercanas a Buenos Aires. En ese sentido, su llegada no es solo noticia para Gamboa, sino para el futuro del enoturismo metropolitano. La revolución no es ruidosa; es estratégica, geográficamente inteligente, y dirigida por alguien que conoce profundamente el oficio de hacer que el vino sea experiencia, no solo producto.








