Crucero conecta viajeros con artesanos del río Magdalena

Un crucero por el río Magdalena conecta a viajeros con artesanos locales que tejen palma iraca, platean filigrana y elaboran tambores en pueblos colombianos de acceso limitado.

En el corazón de Colombia, donde las aguas del Magdalena fluyen entre pueblos olvidados por el turismo masivo, AmaWaterways inaugura una ruta fluvial que no registraba paso de barcos de pasajeros desde hace seis décadas. El AmaMelodia navega entre Cartagena y Barranquilla, trayendo consigo viajeros que se sumergen en encuentros auténticos con artesanos locales cuyas tradiciones permanecen intactas.

La novedad de esta propuesta radica en lo que representa para las comunidades ribereñas. Gabriel García Márquez capturó el declive del viaje romántico por estos ríos en el final de “El amor en los tiempos del cólera”, cuando los vapores dejaron de transitar estas aguas a principios del siglo XX. Ahora, después de seis décadas, los cruceros regresan, pero bajo una premisa diferente: conectar a los viajeros directamente con los creadores de objetos que han perdurado gracias a la transmisión generacional del conocimiento.

Tejedores de palma iraca en Usiacurí

A una hora de Barranquilla, Usiacurí alberga a tejedores especializados en trabajar la palma iraca, una fibra que transforman en bolsos, canastas, abanicos y accesorios como aros y collares. El proceso artesanal requiere sumergir las frondas cortadas y secadas en agua hirviendo, agregando lentamente polvos de tinte hasta lograr el color deseado. Luego se enfrían con agua fría y se cuelgan para secar. Las canastas, por ejemplo, se estructuran sobre marcos de alambre, creando piezas únicas donde la creatividad local no tiene límites.

Los guías fluviales del crucero —Eric, Camila y Mateo, todos originarios de Colombia— facilitan estos encuentros y traducen para los artesanos en cada parada. Beno Atan, director general de AmaWaterways para Colombia, pasó cinco años explorando pueblos a lo largo del río para diseñar este itinerario. Su investigación comenzó de manera orgánica: alquiló una embarcación local con una heladera llena de cerveza, sándwiches y frutas, y navegó conversando con la gente.

Filigrana y tradiciones vivas

Mompox, reconocido por la UNESCO, se mantiene como destino popular entre viajeros nacionales gracias a sus talleres de filigrana colombiana. En este proceso, hilos de plata y oro se tuercen en formaciones tipo encaje y se fijan con la llama de una antorcha. Para acceder a Mompox, AmaWaterways debió construir un nuevo puente de atraque, evidenciando el compromiso con la accesibilidad.

Santa Bárbara de Pinto, aldea pesquera discreta, es otro punto de parada donde se instaló infraestructura especial. Aquí, artesanos enrollan tabaco a mano y tejen redes de pesca. Atan invirtió tiempo considerable ayudando a los vendedores locales a fijar precios apropiados para los cruceros que eventualmente traería, reconociendo el valor justo de su trabajo.

Cumbia y encuentros culturales

El Banco, capital de la cumbia —la música y danza folklórica percusiva de Colombia—, no pudo integrarse al itinerario debido a lo sinuoso del río en su aproximación al pueblo. Sin embargo, Rudi Schreiner, cofundador de AmaWaterways, garantizó que músicos del lugar suban a bordo con instrumentos artesanales: la tambora, de dos cabezas y sonoridad grave, y el tambor alegre, más delgado y vertical.

Durante la navegación, los pasajeros presencian a pescadores lanzando enormes redes en sincronía, un movimiento que parece danza. Las redes de pesca tejidas a mano en arcoíris de colores son obras de arte que, al mojarse en las aguas marrones del Magdalena, gradualmente se destiñen, pero sus intrincados nudos permanecen como testimonio del oficio.

Los viajes de siete días “Magic of Colombia” con AmaWaterways comienzan en $3.299 USD.

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