Caspalá es un pequeño pueblo del departamento jujeño de Valle Grande que alberga apenas 300 habitantes. Ubicado a más de 3.100 metros sobre el nivel del mar, está rodeado por enormes cerros que caracterizan su paisaje. Llegar hasta allí requiere paciencia: desde Humahuaca hay aproximadamente 115 kilómetros, pero los sinuosos caminos de montaña hacen que el recorrido demande alrededor de seis horas.
La localidad conserva una fisonomía profundamente ligada a las tradiciones locales. Sus calles empedradas, viviendas construidas con adobe y techos de paja se mezclan con terrenos donde las familias continúan desarrollando actividades agrícolas y ganaderas. Este patrimonio fue reconocido en 2021, cuando ONU Turismo lo distinguió dentro de la iniciativa Best Tourism Villages, poniendo en valor especialmente la conservación de sus costumbres rurales y el desarrollo del turismo comunitario.
Qué descubrirás en Caspalá
La Iglesia Santa Rosa de Lima, construida durante la década de 1840, es uno de los sitios imprescindibles. Sus campanas de bronce y la imagen de la patrona fueron traídas desde Perú, y cada 30 de agosto la localidad celebra su fiesta patronal con devoción.
El Antiguito y Pueblo Viejo son dos sitios arqueológicos donde todavía se pueden ver antiguas construcciones realizadas con barro y piedra. Para los amantes del trekking, desde Caspalá parten recorridos por el paisaje montañoso, con circuitos vinculados al Camino del Inca y la Serranía de Hornocal.
Una experiencia característica consiste en acercarse a las cooperativas de mujeres artesanas. Los rebozos y ponchos bordados forman parte de la identidad del lugar, y algunos recorridos permiten conocer las técnicas tradicionales utilizadas para elaborarlos.
También existen propuestas de agroturismo donde podés compartir tareas y aprender cómo trabajan agricultores y ganaderos. Quienes deciden pasar la noche pueden alojarse en viviendas familiares y probar platos tradicionales como el guiso de papa verde, preparado a partir de cultivos andinos. Visitar Caspalá permite conocer de cerca una forma de vida que todavía conserva prácticas transmitidas durante generaciones.







