Jardín Japonés de Escobar, un oasis de contemplación y armonía

A pocos kilómetros de Buenos Aires existe un jardín japonés que recrea montañas y agua en miniatura, diseñado por el mismo ingeniero que rediseñó el de Palermo. Un espacio de contemplación donde la naturaleza respira en armonía.

A apenas 60 kilómetros de la Capital, existe un espacio verde que representa uno de los secretos mejor guardados del Gran Buenos Aires. El Jardín Japonés de Escobar es un remanso de paz donde un lago poblado de peces koi, puentes sinuosos, pequeñas elevaciones y una cascada crean un paisaje que invita a desacelerar y sumergirse en la contemplación. Lo extraordinario de este lugar es que detrás de su concepción está Yasuo Inomata, el ingeniero paisajista japonés que también rediseñó y amplió el reconocido Jardín Japonés de Palermo. A los 86 años, Inomata continúa viviendo cerca del jardín y lo visita prácticamente todos los días, cuidando que cada detalle permanezca fiel a su visión original. Durante una visita al predio, el paisajista compartió una recomendación valiosa: la primavera es el momento ideal para conocerlo, cuando los árboles y plantas ornamentales alcanzan su máximo esplendor y el jardín refleja la concepción más cercana a la que imaginó su creador.

El origen: un gesto de gratitud

El Jardín Japonés de Escobar nació como un acto de agradecimiento de la colectividad japonesa hacia la comunidad local. Su creación se vinculó con los 40 años de radicación de inmigrantes japoneses en la zona, muchos de los cuales encontraron en Escobar un terreno fértil para desarrollarse en la floricultura. Una comisión presidida por Kuniharu Sataka llevó adelante el proyecto, mientras que el diseño quedó en manos de Yasuo Inomata. La inauguración se realizó el 4 de octubre de 1969, después de aproximadamente seis meses de intenso trabajo, con la participación de autoridades municipales y representantes diplomáticos de Japón. El predio elegido era originalmente plano, por lo que transformarlo en un jardín japonés requirió crear de manera artificial un paisaje con desniveles, espejos de agua, puentes, árboles y piedras. Actualmente ocupa cerca de 2.500 metros cuadrados en el centro de Belén de Escobar.

Una miniatura de la naturaleza japonesa

El diseño responde al estilo clásico “Tsukiyama Sansui”, una composición que representa la relación armoniosa entre montaña y agua, vinculado también con el concepto de “Ikenawa”, relacionado con el paisaje formado por lago y piedra. La idea fundamental no es simplemente decorar un espacio verde, sino recrear la naturaleza en escala reducida y generar un ambiente destinado a la contemplación y la armonía. Cada elemento tiene un lugar determinado y una propósito específico. Las piedras fueron traídas desde Córdoba, San Luis y Olavarría, mientras que varios de los árboles fueron donados y trasladados mediante técnicas especiales, algunos de los cuales sumaban más de tres décadas de antigüedad.

El lago y sus guardianes tradicionales

Uno de los puntos centrales del jardín es el lago, donde nadan los tradicionales peces koi, las carpas que fueron traídas desde Japón y forman parte del proyecto desde sus primeros años. También llegaron desde Japón las farolas de piedra que completan distintos sectores del recorrido. Estas estructuras tienen un origen profundo en la tradición japonesa: antiguamente servían para iluminar el camino hacia templos y santuarios. En el jardín de Escobar, conviven con piezas realizadas localmente. Algunas de las farolas fueron construidas por presos de la cárcel de Sierra Chica, incorporando un elemento genuinamente argentino a un paisaje inspirado en Japón.

Un creador que sigue cuidando su obra

Lo que diferencia a este jardín es la relación que su creador mantiene con él. Aunque pasaron más de cinco décadas desde su inauguración, Inomata continúa atento a su conservación y realiza observaciones sobre los trabajos de mantenimiento. Su influencia en los jardines japoneses de Argentina no terminó en Escobar. Años después, la Asociación Japonesa en la Argentina le confió la reconstrucción y ampliación del Jardín Japonés de Palermo, originalmente inaugurado en 1967 como obsequio de la colectividad japonesa a Buenos Aires. Las obras dirigidas por Inomata se realizaron entre 1978 y 1979 y dieron al conocido espacio del Parque Tres de Febrero buena parte de la fisonomía que conserva en la actualidad.

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