Shanghai superó a Starbucks: cómo la ciudad china se convirtió en la capital mundial del café

Con más de 10.000 cafeterías en apenas una década, Shanghai reemplazó al té por el café en una transformación cultural sin precedentes. El fenómeno que está cambiando los hábitos de consumo de toda Asia.

Ernesto Martelli y Nico Artusi en OCIO

Shanghai superó a Starbucks: cómo la ciudad china se convirtió en la capital mundial del café

Con más de 10.000 cafeterías en apenas una década, Shanghai reemplazó al té por el café en una transformación cultural sin precedentes. El fenómeno que está cambiando los hábitos de consumo de toda Asia.

El número que ha sacudido al mundo del café en las últimas semanas es contundente: 10.336 cafeterías. No es una cifra que impresione a primera vista, pero considerá el contexto y entenderás por qué los analistas internacionales hablan de un fenómeno casi sin precedentes. Esa cantidad de locales cafetaleros existe en Shanghai, China, transformando a la ciudad en la más cafeizada del planeta. Lo extraordinario del asunto es que hace apenas diez años prácticamente no había ninguna. Estamos hablando de una expansión vertiginosa que sucede mientras escribís estas líneas: probablemente en el tiempo que tarde esta lectura, cinco cafeterías más abran sus puertas en la metrópolis asiática.

Para dimensionar la magnitud del boom, recordá que Starbucks, la cadena de cafeterías más grande del mundo con aproximadamente 22.000 locales distribuidos en todo el planeta, tiene menos establecimientos en su totalidad que los que Shanghai posee en una sola ciudad. Shanghai alberga, de hecho, casi la mitad de los locales Starbucks del mundo solo en su territorio. Es un cambio de paradigma que va más allá de los números: representa una transformación cultural de una sociedad entera que está abandonando una tradición milenaria para adoptar una costumbre occidental.

El té cede su trono al café: una revolución en los hábitos asiáticos

Durante siglos, China fue sinónimo de té. La infusión tradicional formaba parte de la identidad cultural del gigante asiático, de su filosofía, de su ritmo cotidiano. Pero en el último decenio, ese equilibrio se quebró. El café no solo llegó a China; literalmente la conquistó. Este cambio de costumbres es fenomenal porque implica algo más que una preferencia de bebida: habla de la occidentalización de estilos de vida, de la adopción de nuevas formas de socialización y de la redefinición de lo que significa pasar el tiempo en una ciudad moderna.

Los números que respaldan esta transformación son abrumadores. El consumo anual de café per cápita en China saltó de 16 tazas por habitante en 2023 a 28 tazas en 2025. Aunque estas cifras parecen modestas comparadas con los estándares occidentales, representan un crecimiento del 75% en apenas dos años. Pero lo más impresionante viene del lado de los negocios: el sector de cafeterías en China facturó 51.900 millones de dólares el año pasado, con un crecimiento anual del 13,3%. Estas son tasas de expansión típicamente chinas, literalmente crecimiento a ritmo de escala monumental que caracteriza al país asiático.

El café como soft power: cuando una bebida redefine culturas

Algunos analistas de tendencias globales ya hablan del café como un nuevo soft power. Es un concepto fascinante: mientras que productos como tecnología, autos y ropa china avanzan conquistando mercados mundiales bajo lógicas de precio y volumen, el café viaja en la dirección opuesta. Es una de las pocas categorías donde Occidente sigue exportando su estilo de vida hacia Oriente, pero con una particularidad que lo hace único: China no produce café autóctono. Sin embargo, hay plantaciones experimentales en el sur del país, en zonas más cercanas a los trópicos, donde planean producir café propio dentro de cincuenta años. Claro, estamos hablando de un país que, durante los Juegos Olímpicos de Pekín, utilizó aviones para dispersar las nubes y controlar el clima. Si pueden modificar el cielo, seguramente podrán adaptar sus tierras para el café.

El Festival Internacional de la Cultura del Café de Shanghai, celebrado recientemente, se convirtió en el festival cafetalero más grande del mundo. En una ciudad donde prácticamente todo sucede a escala monumental, hasta los festivales culturales rompen récords globales. Este evento fue el escenario donde se reveló la verdadera dimensión del fenómeno: no se trata solo de cifras de locales o dólares facturados, sino de un cambio profundo en la mentalidad de millones de personas que están redefiniéndose a sí mismas a través de nuevos rituales de consumo.

La analogía que algunos hacen es la del famoso chiste de Mafalda: “Si todos los chinos dieran una patada al piso el mismo día, la otra mitad del mundo temblaría.” Así está ocurriendo con el café. Cuando una población de escala china abraza masivamente un producto, los impactos se sienten en toda la cadena global: desde los productores de café en América Latina hasta los proveedores de maquinaria para cafeterías. Shanghai no solo se convirtió en la capital mundial del café; demostró que las tendencias de consumo pueden invertirse, que una tradición milenaria puede ceder ante la modernidad, y que el café, esa bebida que Occidente consideraba suya, ahora pertenece al mundo.

Mirá el episodio completo de: OCIO #9 ⎥Ernesto Martelli y Nico Artusi ⎥Invitado: German Sitz
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