La historia del Almacén Francou es la historia de una familia que llegó desde los Alpes europeos a la Argentina a principios del siglo XX y decidió echar raíces en el corazón del campo entrerriano. Hoy, casi 120 años después de su fundación en 1907, sigue funcionando en el mismo lugar estratégico de colonia El Carmen, Villa Elisa, manejado por la misma dinastía que lo creó. Es un testimonio vivo de la inmigración, la persistencia y la identidad familiar en territorio rural.
Los orígenes en Saboya
Olga Perroud, quien hoy vive al lado del almacén junto a su marido Roberto Francou, heredero directo del negocio, conserva la memoria oral y escrita de sus ancestros. “Venimos del ducado de Saboya, de los Alpes”, resume. Su bisabuelo llegó a mediados del siglo XIX con apenas 20 años, como colono. Como muchos inmigrantes de esa época, tenía un contrato para instalarse en Corrientes, pero fue rechazado en altamar cuando el acuerdo venció. El presidente Justo José de Urquiza lo recibió en Villa Paranacito junto a otros colonos. Tras una breve estancia, navegaron hacia el puerto de Colón, donde las familias con embarazadas y niños quedaron temporalmente en un galpón mientras las autoridades les asignaban tierras en San José para trabajar la tierra.
Ambrosio Francou, bisabuelo de Roberto, era militar y llegó desde Bardonecchia, Italia, en 1872. Tuvo dos hijos: Emilio y Jorge, este último padre de Antonio, quien fundó el almacén.
La fundación y la estructura comercial
Antonio Francou eligió un lugar estratégico: muy cercano había calles de arreo de ganado y un baño de hacienda, lo que garantizaba flujo constante de clientes rurales. No lo hizo en solitario. Juan Pons fue el socio capitalista que aportó el dinero inicial; Alberto Bazon proporcionó la mercadería; y Antonio aportó el trabajo. Los documentos fundacionales conservados muestran cómo la firma del “abuelo Francou” aparece más pequeña en el primer contrato de 1907.
En 1909, apenas dos años después, la sociedad se reestructuró. Antonio compró una tercera parte para alcanzar igualdad de condiciones, y su firma en los registros creció notoriamente. Para 1910, a través del esfuerzo constante, se convirtió en único dueño.
Continuidad más allá de las dificultades
Aunque Antonio murió joven dejando cuatro hijos, el almacén nunca cerró sus puertas. Su viuda, Juana, lo lideró durante años hasta que la administración pasó a la familia de Roberto hace dos décadas. En la actualidad, mientras celebra su aniversario número 119, permanece abierto todos los días. Los dueños viven adyacentes y siempre hay alguien disponible para atender a los clientes.
El almacén mantiene su funcionalidad original: hombres de campo entran y salen en busca de arroz, yerba y una copa de vino. En las mesadas se ofrecen quesos, salames, botones y alpargatas. Funcionan como un espacio comunitario donde preparan picadas con reserva previa. Las vitrinas albergan retratos de época, mapas y libros de contabilidad históricos donde figuran otros apellidos franceses e italianos que formaron parte del tejido comercial y social de la región.
El Almacén Francou es más que un negocio: es un documento vivo de las migraciones europeas a la Argentina rural y de cómo una familia transformó la adversidad inicial en permanencia y prosperidad en tierra entrerriana.








