La bodega mendocina fundada por Anne-Caroline Biancheri da un paso decisivo en su evolución con dos lanzamientos que marcan un cambio de dirección en su propuesta enológica. El nuevo Pinot Noir Single Vineyard y la renovación de la línea Colección representan una apuesta clara por la elegancia y la expresión del terroir, dejando atrás la búsqueda de potencia y sobremaduración que dominó la industria durante años.
Hacia la elegancia y la frescura
Biancheri reconoce que el consumidor actual busca vinos más elegantes y equilibrados. “Dejamos atrás el uso demasiado marcado de madera o sabores invasivos”, explica la fundadora, quien en fines de los noventa apostó por Vista Flores cuando todavía era un terroir poco celebrado del Valle de Uco. La incorporación del Pinot Noir a la línea Single Vineyard —que ya incluye Malbec, Cabernet Franc y Merlot— representa una continuidad natural dentro de la propuesta de la casa.
El enólogo Mauricio Ortiz define la filosofía de estos nuevos vinos como “argentinos con acento francés”. Su objetivo es elaborar botellas donde prime la armonía y el equilibrio, con una expresión fluida, precisa y elegante. “Buscamos que inviten a seguir tomando”, subraya Ortiz, quien considera que cada detalle debe contribuir a contar la historia del lugar sin intervenciones excesivas.
El terroir como protagonista
La finca ubicada a 1.050 metros sobre el nivel del mar presenta perfiles de suelo muy diversos. Hacia el sur predominan los suelos pedregosos y estructurados; hacia el norte, perfiles más frescos y frutados. Esta variedad permite interpretar distintas expresiones dentro de un mismo viñedo, traduciendo la geografía en la copa.
“Cada vez me interesa más respetar el lugar de donde vienen las uvas y acompañar el proceso sin intervenir de más, para que el vino refleje realmente su origen”, detalla Ortiz.
Colección: lo mejor de cada cosecha
La línea Colección se renueva como una edición limitada elaborada únicamente con cosechas donde ciertos varietales alcanzan su máxima expresión. Silvana Degiorgis, gerente de la bodega, define estos vinos como “complejos y armónicos, elaborados desde la tipicidad y la elegancia que definen nuestra filosofía”. Se trata de partidas muy pequeñas —entre 800 y 1.200 botellas— que representan una selección especial del trabajo en finca y bodega. Cada cosecha determina qué se incluye, sin responder a una fórmula fija, sino a lo que ese año expresó con mayor calidad.
Antucura continúa construyendo un universo donde conviven paisaje, hospitalidad, sensibilidad estética y experiencia. Para Biancheri, el objetivo final es más profundo: que la gente recuerde el momento en que sus vinos tocaron el alma.








