Lucca Stradella: de la familia Bianchi al proyecto independiente Cimarrón Wines

Tras una decisión familiar de profesionalizar la empresa en 2012, el joven enólogo decidió forjar su propio camino. Cuatro años después lanza Cimarrón Wines con un malbec de Uco que revolucionaría su trayectoria.

Vinorama, con la conducción de Fabricio Portelli y Andrés Rosberg. Estrena todos los martes a las 19 hs en Winexplorers por YouTube.

De la tradición familiar al camino independiente

Lucca Stradella representa una generación de enólogos argentinos que decidió forjar su propio rumbo sin abandonar sus raíces. Parte de la familia Bianchi, una de las más tradicionales del vino argentino, Lucca eligió transitar un camino diferente al de la bodega familiar. Su decisión no fue caprichosa ni impulsiva: en 2012, la familia decidió profesionalizar la compañía con el objetivo de preservar el patrimonio y la paz familiar. Para Lucca, esto significó respetar una decisión colectiva y construir su propio proyecto, lejos de los conflictos que pueden surgir cuando múltiples generaciones trabajan bajo el mismo techo. Hoy, con Cimarrón Wines consolidada en el mercado, esa decisión que en su momento pudo parecer arriesgada se revela como un movimiento estratégico que le permitió expresar su visión personal del vino sin las limitaciones que impone la estructura de una bodega histórica.

Las primeras prácticas: maestros en el camino

Antes de lanzar Cimarrón Wines en 2016, Lucca pasó por varias bodegas que lo formaron como enólogo. Estudió agronomía, disciplina que siempre lo apasionó, y realizó prácticas en espacios clave del Valle de Uco. Trabajó en Doña Paula mientras completaba su formación académica, experiencia que lo conectó con los desafíos técnicos de la elaboración a escala. Luego llegó a Domaine Bousquet, donde aprendió sobre viticultura orgánica y certificada, un conocimiento que después incorporaría a su propia visión. Pero fue en Napa, California, donde amplió sus horizontes internacionales. Pasó dos temporadas en Stag’s Leap, bodega perteneciente a la familia Trinchero, trabajando especialmente en la elaboración de tintos. Allí se sumergió en técnicas avanzadas, particularmente en vinos sin alcohol, un segmento en desarrollo en Estados Unidos pero que en Argentina aún no despega con la misma intensidad.

El encuentro decisivo con Pedro Marcheski

Si hay una figura que marcó un punto de inflexión en la trayectoria de Lucca, esa es Pedro Marcheski. Este enólogo respetado fue quien, en un momento de frustración profesional, lo animó a lanzarse con su propio proyecto. Lucca recuerda ese día como determinante: trabajaba en Domaine Bousquet, pero sentía que algo le faltaba a nivel creativo. Marcheski, quien en 2012 había sido uno de los primeros directores profesionales de Bianchi antes de partir hacia otras aventuras, no dudó en alentarlo. “Hacé tu vino”, le dijo con la seguridad de quien reconoce el potencial en alguien. Lucca le creyó. Juntos comenzaron a trabajar en el concepto, a definir el corte, a pensar en la propuesta. Marcheski se convirtió en su guía invisible, el consejero que le dio las herramientas para entender que podía hacer vino de autor sin renunciar a la calidad que había aprendido en cada bodega por donde pasó.

El nacimiento de Cimarrón: el malbec de Waltari

En 2016, Lucca lanzó Cimarrón Wines con menos de 5.000 botellas de un único vino: un Malbec de Waltari, zona tradicional de San Rafael. No era una propuesta revolucionaria, como el propio Lucca reconoce con humildad. Elegir Malbec en el Valle de Uco es algo natural, casi predeterminado. Pero lo que importaba era hacerlo bien, y hacerlo diferente. Esas botellas iniciales se vendieron en apenas nueve meses, lo que le indicó que algo estaba funcionando. Al año siguiente elaboró cerca de 7.000 botellas, nuevamente vendidas rápidamente. Durante 2019 no elaboró, pero en 2020 volvió con una producción similar. Hasta 2022 mantuvo esta línea de un único vino de alta expresión, acumulando experiencia y consolidando una reputación. El nombre Cimarrón, que refiere a cualquier animal doméstico que se vuelve salvaje, sintetizaba su filosofía: alguien que, siendo parte de una estructura familiar, decidió liberarse y hacer su propio camino.

La expansión: más allá del malbec

En 2022, cuando ya no trabajaba en otras bodegas y podía dedicarse exclusivamente a su proyecto, Lucca decidió crecer. Incorporó uvas de la finca de su abuelo en Cuadro Venegas, San Rafael, y llegó a producir casi 36.000 botellas ese año, un número que lo sorprendió a él mismo. Pero ese crecimiento fue estratégico: no solo multiplicó volumen, sino que diversificó su oferta. Agregó un Nebbiolo, rescatando una variedad que su abuelo Aurelio había plantado en la zona más fría de la propiedad; un Cabernet Franc del Peral en Tupungato; y creó Entre Medianoche, un blend que combinaba componentes de diferentes zonas. Cada vino tenía una historia, una razón de ser. El Nebbiolo, en particular, se convirtió en su carta de presentación más singular, ya que son pocos los exponentes de esta variedad en Argentina, y Lucca logró expresar su ADN piamontés dentro de la geografía del Valle de Uco.

El arte de la contienda

Más allá de los números y la técnica, Lucca entendió que el vino moderno requiere también de una narrativa visual y emocional. Para Cimarrón encargó a Osvaldo Chavaza, artista plástico mendocino, una obra que representara la filosofía de su marca. La “contienda” muestra tres personajes en batalla: el pasado, el presente y el futuro luchando constantemente. El presente, el único tiempo que realmente existe, está siempre ganando en esa contienda interna que todos enfrentamos. Esa obra, digitalizada y adaptada a la etiqueta de la botella, convierte cada botella de Cimarrón en más que un vino: en una experiencia, en una reflexión. Para Lucca, conectar con el consumidor significa ofrecerle algo más que un líquido en una botella; significa compartir una historia, una unión, una manera de entender la vida.

Seis años después: consolidación y futuro

Después de seis años vendiendo vinos, Lucca ha consolidado una pequeña pero respetada bodega que produce alrededor de 20.000 botellas anuales. Ha pasado de la producción frenética de 2022 a un ritmo más sostenible, adaptándose a los cambios del mercado. Recientemente incursionó en el Cabernet Sauvignon, variedad que él considera fundamental en la diversificación de la oferta argentina. Su trayectoria, desde las prácticas en bodegas como Doña Paula y Domaine Bousquet, pasando por la experiencia en Napa, hasta el lanzamiento independiente, ilustra cómo un joven enólogo puede construir una marca propia basada en autenticidad, rigor técnico y una conexión genuina con el producto. Lucca Stradella demostró que no hace falta ser parte de un emporio familiar para hacer vino de prestigio; a veces, solo hace falta el coraje de hacer tu propio camino.

Mirá el episodio completo de: VINORAMA #14⎥Fabricio Portellu & Andrés Rosberg⎥Invitado Lucca Stradella de Cimarrón Wines
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