DamaJuanas, programa conducido por Sol Tony y Sofi Maglione. Estrena todos los lunes a las 19 hs en Winexplorers por YouTube.
Un viaje por el archivo de Zuccardi
Probar un vino de 1999 es como abrir una ventana al pasado. Eso es exactamente lo que sucedió en un evento exclusivo de degustación organizado por Zuccardi, donde se reunieron varias botellas que ya no circulan en el mercado comercial. No se trató de una simple cata de vinos antiguos, sino de un archivo vivo que contaba la historia de una de las bodegas más emblemáticas del país a través de sus diferentes añadas y estilos.
Entre las botellas destacadas del evento estuvo el Zuccardi Chardonnay 1999, una verdadera joya que se mantuvo en perfecto estado. Su degustación permitió dimensionar cuánta vida aún conservaban estos vinos después de más de dos décadas. No era solo curiosidad nostálgica; se trataba de comprender cómo los vinos envejecen, qué características ganan y pierden con el paso del tiempo, y cómo la acidez sigue siendo protagonista incluso en botellas que podrían considerarse reliquias.
El evento reunió a coleccionistas, dueños de vinotecas y amantes de la viticultura argentina. Cada copa permitía comparar etiqueta tras etiqueta, año tras año, observando cambios sutiles pero significativos de estilo. Los vinos que se bebían hace décadas tenían diferentes niveles de concentración respecto a las líneas actuales. Algunos de los tintos icónicos presentes, como diferentes añadas de Fósil y el Malbec de Zuccardi, evidenciaban esa evolución en la forma de concebir el vino que caracteriza a la bodega.
Lo fascinante del archivo no era solamente el Chardonnay 1999 o las magnums de 2010, aunque estos fueran espectaculares. Algunos de los vinos presentes ya no existían más, lo que convertía la experiencia en un documento histórico de la enología argentina. También había múltiples añadas de Tito —uno de los favoritos de la casa—, la línea Aluvional y otros varietales que marcaron época. Ver juntas varias cosechas de Fósil Chardonnay fue particularmente iluminador: permitió constatar cómo una bodega evoluciona en su búsqueda, cómo ajusta parámetros, cómo aprende de sus propios vinos.
Este tipo de degustaciones tiene un valor que va más allá de lo hedónico. No se trataba solo de disfrutar botellas viejas, sino de entender la trayectoria de Zuccardi como productora. Cada año abierto era un capítulo de una narrativa de enología argentina. La acidez de un 1999, la textura de un 2010, la concentración de las cosechas intermedias: todo hablaba de decisiones vitales, de climas particulares, de filosofías de elaboración que cambian con el tiempo.
Para quienes siguieron el evento, quedó claro que el verdadero valor de una bodega como Zuccardi no está solo en sus vinos actuales, sino en su capacidad de mantener vivos sus archivos, de permitir que generaciones de bebedores accedan a esa memoria líquida. Porque cada botella antigua es un documento que cuenta cómo bebían en Argentina hace veinte años, cómo pensaban el vino, cuáles eran las expectativas. Y ese archivo, guardado con cuidado y abierto en ocasiones especiales como esta, es parte del patrimonio de la viticultura local.








