Cómo un enólogo argentino rompió la barrera de los 100 puntos con un vino francés

Marcelo Pelleriti cuenta la historia de cómo en 2013 se convirtió en el primer argentino en alcanzar la puntuación perfecta de Robert Parker. Y cómo ese logro lo enseñó la lección más importante de su carrera.

DamaJuanas, programa conducido por Sol Tony y Sofi Maglione. Estrena todos los lunes a las 19 hs en Winexplorers por YouTube.

El día que un enólogo argentino tocó la perfección

Marcelo Pelleriti no busca gloria, pero la gloria lo encontró de todas formas. En 2013, cuando Robert Parker otorgó 100 puntos a un vino francés llamado La Violeta —cosecha 2010—, un enólogo argentino se convirtió en el primero de su país en alcanzar esa puntuación perfecta. Pero lo que sucedió después de ese hito fue, paradójicamente, más valioso que el reconocimiento mismo: una lección de humildad que transformó su perspectiva sobre el vino y sobre la vida.

Probablemente nadie esperaba que eso pasara. Pelleriti menos que nadie. “Éramos una mosca en la leche”, recuerda. “Era difícil que sucediera. Nunca lo esperé. Nunca lo esperamos y sucedió.” Ese sucedió fue un golpe a la realidad tan contundente que lo obligó a replantear todo. Porque después de tocar la perfección, la pregunta inevitable es: ¿y ahora qué? La respuesta que encontró fue tan simple como liberadora: no podés esperar otros 100 puntos.

“Fue un golpe a la realidad y un zambarrón para decir: bueno, seamos conscientes que no puede volver”, explica. Eso que suena a derrota es en realidad el acta de liberación de un enólogo que entendió algo fundamental sobre el trabajo creativo: la obsesión por repetir lo irrepetible solo genera frustración. Ese reconocimiento le permitió seguir adelante sin la pesada mochila de querer volver a la perfección numérica. “Me hizo muy bien eso”, dice con la sinceridad de quien ha procesado una lección profunda.

Las botellas de La Violeta que logró guardar se convirtieron en reliquias, pero no en el sentido de un trofeo intocable. Pelleriti las guarda en su casa y las abre cuando siente que es importante. No espera un hito oficial ni un momento ceremonial solemne. “La situación importante es, qué sé yo, vienen a mi casa y me parece importante y la abro”, dice sin dramatismo. Es un acto de compartir, no de veneración. Porque para él, un vino de esa calidad solo cobra sentido cuando se comparte, cuando genera una experiencia con otros.

Lo interesante es que ese punto de quiebre —alcanzar la cúspide y descubrir que no era el destino final— transformó completamente su relación con la enología. En lugar de quedar atrapado en la búsqueda de puntuaciones perfectas, Pelleriti pudo enfocarse en lo que realmente lo apasiona: trabajar con viñedos antiguos, experimentar con nuevas técnicas de crianza, incluso atreverse con vinos naturales fermentados espontáneamente. Su trayectoria posterior está marcada por la exploración, no por la nostalgia.

Hoy, cuando habla de sus proyectos actuales —los viñedos del Valle de Uco, la asociación con Miguel Priore, la línea de vinos que evolucionó desde Marcelo Pelleriti Wines a Pelleriti Priore—, lo hace con la energía de alguien que finalmente llegó a donde quería estar. No en la persecución de un número perfecto en una copa de puntuación, sino en el desarrollo de una filosofía enológica propia. Esa es la verdadera perfección: la que no busca validación externa porque ya encontró su propia medida.

Aquel 100 de Robert Parker en 2013 no fue un final de película. Fue un acto de apertura. La lección que un vino francés le enseñó a un enólogo argentino fue que la perfección, cuando llega, es una puerta y no un muro. Y que el verdadero arte está en saber qué hacer cuando te das cuenta de que ya tocaste el techo y descubrís que hay mucho más trabajo hermoso por hacer debajo.

Mirá el episodio completo de: Marcelo Pelleriti en #DamaJuanas #13 ⎥Sol Tony y Sofi Maglione
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