Cómo Marcela Rienzo conquistó la televisión abierta con vino

Durante 8 años fue la primera sommelier en un programa de gastronomía de TV abierta. Su lucha para posicionar el vino como parte de la gastronomía cambió la percepción del sector en Argentina.

De periodista a sommelier: cómo Marcela Rienzo conquistó la televisión abierta con vino

Marcela Rienzo llegó al mundo del vino con una convicción que la acompañaría durante dos décadas: el vino no es un accesorio de la gastronomía, sino parte fundamental de ella. Esa certeza la llevó a insistir una y otra vez a los productores de Cocineros Argentinos hasta lograr algo sin precedentes en la televisión abierta argentina: ser la primera sommelier ejecutiva de un programa de gastronomía en ese medio.

Durante ocho años, Rienzo fue la voz del vino en Cocineros Argentinos, un espacio que se transformó en una plataforma desde la cual habló a todo el país sobre cómo elegir, maridar y disfrutar el vino. Pero ese lugar no llegó de la noche a la mañana. “Yo les insistí mucho a los productores diciéndoles: cocineros argentinos es un programa de gastronomía, si es un programa de cocina, el vino es parte de la gastronomía”, recuerda. El camino fue gradual, como el de alguien que sabe que tiene razón pero necesita demostrarla día a día.

La primera invitación fue cautela pura: una sola aparición para ver cómo funcionaba. Rienzo fue, habló del Malbec aprovechando que se acercaba el Día Mundial del Malbec, y cumplió. Luego vino la segunda invitación, y después otra más. “Era como, ¿viste cuando te llamaba el pibe que te encantaba? Dejaba todo”, describe con humor sobre esa etapa en la que cada llamado era una oportunidad de demostrar que el vino merecía un lugar en la pantalla. Eventualmente, de apariciones esporádicas pasó a ir una vez por semana, después consiguió un contrato y empezó a cobrar una “platita que estaba buenísimo”. Finalmente, llegó a grabar dos veces por semana, consolidándose como figura indispensable del programa.

Lo que sorprendió a Rienzo fue la reacción inmediata de la audiencia. En la era de las redes sociales incipientes, cada aparición generaba miles de nuevos seguidores. Pero lo más valioso no fue el número de seguidores sino los mensajes que recibía: “Mucha gente me ha dicho, ‘Yo no tomaba vino y empecé a tomar vino porque vos me contagiaste.’ Eso para mí fue lo más lindo”. Esas palabras eran la confirmación de que el riesgo de insistir había valido la pena. Cocineros Argentinos no solo le dio visibilidad; transformó su carrera y, más importante aún, generó una conexión genuina entre el público y el mundo del vino.

El impacto fue tal que en el interior del país, donde el programa se veía masivamente durante la siesta, Rienzo se convirtió en un nombre conocido. “Los cocineros argentinos en el interior eran como los Rolling Stone”, bromea sobre la magnitud que tenía el ciclo. Esa exposición abrió puertas laborales, aunque como toda experiencia, tuvo sus variantes. Lo importante es que Rienzo había hecho lo que se proponía: demostrar que una sommelier en televisión abierta no era un lujo, sino una necesidad para hablar de gastronomía de verdad.

Hoy, cuando Rienzo es sommelier ejecutiva de espacios gastronómicos como Mago Parrilla de Mercado y Antro Cocina en Cueva, sigue llevando esa misma filosofía: que el vino sea accesible, educativo y parte de la experiencia. Sus ocho años en Cocineros Argentinos no fueron solo un trabajo televisivo; fueron una batalla ganada por posicionar el vino donde siempre debería haber estado: en la mesa, en la conversación, en la cultura gastronómica argentina.

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