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Finca Las Antípodas, el proyecto vitivinícola de Junín con alojamiento en containers

En Junín, dos amigos sin experiencia vitivinícola decidieron plantar sus primeras vides en una zona alejada de las regiones tradicionales. Hoy, Finca Las Antípodas combina la elaboración de vino con alojamientos en containers y eventos que reúnen a cientos de visitantes.

Finca Las Antípodas, el proyecto vitivinícola de Junín con alojamiento en containers

A 260 kilómetros de Buenos Aires, Junín representa un desafío para cualquiera que se proponga cultivar vides. Las características climáticas de la Pampa Húmeda —lluvias constantes y humedad elevada— hacen que la viticultura sea más compleja que en las zonas secas del país. Sin embargo, fue precisamente en ese territorio donde Mariano Tessone y Juan Pablo Richelmini decidieron plantar sus primeras uvas, a pesar de no contar con experiencia en la industria vitivinícola.

Los dos socios provenían de actividades muy distintas: Tessone era abogado mientras que Richelmini gestionaba un frigorífico avícola. Ambos eran consumidores apasionados de vino que frecuentaban bodegas y degustaciones, pero buscaban algo diferente. Cerca de los 40 años, la idea les llegó de forma poco convencional: elaborar un vino con identidad juninense. Fue así como en 2013 plantaron las primeras 1.100 vides de Malbec, Petit Verdot y Cabernet Franc en una hectárea de la chacra de seis hectáreas que el padre de Tessone tenía en la zona.

El asesoramiento fue clave desde el inicio

Antes de avanzar, los emprendedores convocaron a Gabriela Celeste, directora de Eno-Rolland —la consultora del enólogo Michel Rolland— para estudiar el suelo, el clima y determinar qué variedades podían adaptarse mejor a Junín. El análisis fue favorable, indicando que al menos un buen rosado era posible de producir. El nombre de la finca, Las Antípodas, surgió de una característica geográfica: la zona se encuentra en una latitud similar a San Rafael, Mendoza, pero en el hemisferio opuesto.

Los primeros años fueron complejos. Las condiciones climáticas y la falta de experiencia generaron que varias elaboraciones no llegaran al mercado. Durante dos o tres años, arruinaron vinos debido a factores climáticos y a decisiones propias. La humedad y las lluvias obligaron a desarrollar metodologías distintas a las de regiones tradicionales. Con el tiempo y asesoramiento externo, fueron ajustando el manejo de las plantas y la elaboración. La primera partida comercializable fue apenas de 400 a 500 botellas.

Degustaciones y hospedaje: la diversificación necesaria

Actualmente, Finca Las Antípodas elabora aproximadamente 2.000 botellas anuales con etiquetas como Field Blend, Ancellotta y Marselan. El estilo que desarrollaron busca vinos frescos y frutados, con poca intervención de madera y graduación entre 12% y 13%.

La escala reducida hizo necesario diversificar. Las degustaciones comenzaron como encuentros con grupos chicos y cocineros, sommeliers y otras bodegas. Paulatinamente se convirtieron en dos eventos importantes: Vinarte en noviembre (convoca alrededor de 2.000 personas) y Wine & Love en febrero (reúne cerca de 1.500 asistentes). Este movimiento generó más visitantes y abrió una nueva posibilidad.

Antes de la pandemia, construyeron tres guest houses sobre containers con capacidad para cuatro personas cada una. Las unidades cuentan con cocina y parrilla, y están ubicadas frente a las vides. Las tarifas parten de $90.000 por noche para dos personas entre semana y $100.000 los sábados y feriados. Para cuatro huéspedes, los valores llegan a $130.000 y $140.000 respectivamente. La estadía puede complementarse con una degustación de cuatro vinos, una picada de fiambres regionales y un recorrido por el viñedo y la bodega ($25.000 por persona para huéspedes).

Crecimiento gradual y estratégico

Con 2.000 botellas anuales, la distribución sigue siendo limitada. La mayor parte se vende directamente en el establecimiento y durante los eventos, con precios entre $25.000 y $30.000 por botella. La intención de Tessone y Richelmini es crecer de manera gradual, sin abandonar la escala chica que caracteriza a Las Antípodas desde sus inicios. Parte de las plantas aún no alcanzó su máximo rendimiento, lo que permite proyectar un aumento en futuras vendimias.

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