Hay cepas que se cultivan y cepas que se heredan. El Cabernet Sauvignon, la variedad tinta más plantada del planeta y la que primero viene a la cabeza cuando se piensa en un tinto de guarda, encontró en Mendoza un territorio que la moldeó a su manera. Y pocas bodegas pueden contar esa historia con la autoridad de Luigi Bosca, que lleva más de sesenta años trabajando esta uva y ciento veinticinco sosteniendo un mismo apellido al frente del proyecto: Arizu.
De Sangre: la colección que nació para quedarse en casa
Antes de ser una etiqueta comercial, De Sangre fue una costumbre puertas adentro. La familia Arizu tenía la tradición de marcar las barricas más logradas de cada añada y guardarlas para compartir solo con los suyos: la selección más íntima, la que no salía a la venta. Con el tiempo, ese gesto casi doméstico se transformó en una colección que sigue el mismo criterio —cuidado extremo y una mirada exigente sobre lo que vale la pena embotellar—, pero ahora disponible para quien quiera sumarse a la mesa.
Dentro de esa línea, De Sangre Cabernet Sauvignon 2022 funciona como un ensayo sobre el terroir mendocino: reúne uvas de Las Compuertas, Agrelo, Gualtallary y Altamira.
“Dentro de la colección, De Sangre Cabernet Sauvignon 2022 expresa la búsqueda de Luigi Bosca por reinterpretar la variedad a partir de uvas provenientes de Las Compuertas, Agrelo, Gualtallary y Altamira, combinando las características de estos terroirs para expresar el carácter y el potencial del Cabernet Sauvignon en la provincia”, explica Pablo Cúneo, enólogo de la bodega.

El resultado es un rojo rubí profundo que en nariz despliega fruta negra madura y fresca a la vez —moras, ciruelas— con esa pincelada de pimienta que suele delatar a los grandes cabernets de altura. En boca, tensión y estructura: taninos finos pero presentes, acidez que le da frescura y recorrido, y un final largo que no se apura en despedirse.
La bodega fue Fundada en 1901 por Leoncio Arizu, Luigi Bosca es una de las bodegas familiares más reconocidas de la Argentina y un referente de los vinos de alta gama del país. Guiadas por el instinto, el conocimiento y el espíritu pionero, cuatro generaciones de la familia Arizu han custodiado la bodega durante 125 años, utilizando su historia como motor para reinterpretar el vino y proyectar al mundo la elegancia, la identidad y la singularidad de los grandes vinos de Mendoza. Desde sus inicios, Luigi Bosca concibe el legado como un proceso vivo: actualizar lo valioso, potenciar lo aprendido y seguir evolucionando, remasterizando el vino argentino sin perder su esencia. Hoy, sus vinos están presentes en más de 60 mercados del mundo.







