Tres años de gestión institucional y el legado de la generosidad
Marcela Rienzo fue la última presidenta mujer de la Asociación Argentina de Sommeliers, cargo que ocupó durante tres años de una intensidad que, con el paso del tiempo, recuerda con una mezcla de agotamiento transformado en cariño. Aquellos fueron tiempos de trabajo arduo: organización de concursos como el de Mejor Sommelier Argentina, eventos de envergadura, representación en asambleas internacionales y la gestión cotidiana de una institución que es referencia en el continente. Cuando terminó su mandato, estaba exhausta, con la lengua afuera, como ella misma relata. Pero hoy, con la perspectiva que da el tiempo, esa experiencia se presenta bajo una luz diferente: llena de satisfacción y gratitud por el apoyo recibido de la industria en un contexto económico particularmente difícil para la gastronomía y la viticultura.
La importancia del recambio institucional
Para Rienzo, uno de los aprendizajes más valiosos de su gestión tiene que ver con la necesidad del recambio. Las instituciones, sostiene, se sostienen cuando hay circulación de poder y cuando no quedan identificadas con una única persona. Aunque durante su presidencia quedó ligada al cargo—todavía hay quienes la llaman “presidenta”—, considera que fue correcto pasar la posta a Andrés Lafiache, un mendocino que representa la primera vez que un presidente de la asociación viene del interior del país. Esto no es un detalle menor: implica descentralizar el liderazgo, diversificar perspectivas y permitir que diferentes regiones del país se vean representadas en las decisiones institucionales.
Rienzo logró sostener el trabajo que Matías Précioso había realizado antes, alguien a quien considera el gran presidente de la asociación por su capacidad de organización y de poner las cosas en blanco sobre negro. Pero también entendió que era tiempo de dejar que otros continuaran con las responsabilidades que implica dirigir una organización de esta magnitud: organizar asambleas internacionales, representar a Argentina en foros mundiales, mantener viva la estructura que sostiene a miles de sommeliers en el país.
Elizabeth Checa: la maestra de la generosidad
Hay un nombre que aparece constantemente en el relato de Rienzo cuando habla de su trayectoria: Elizabeth Checa. Esta legendaria figura del periodismo gastronómico argentino fue quien le enseñó, con el ejemplo, algo que Rienzo considera fundamental en el liderazgo: la generosidad hacia las nuevas generaciones. Cuando Rienzo empezó en el mundo del vino, hace más de veinte años, la relación entre sommeliers y periodistas no era la más fluida. Algunos periodistas veían con desconfianza la irrupción de estos profesionales como intermediarios entre el vino y el consumidor. Pero Checa fue diferente. Se definía a sí misma como “pre-sommelier” y, sobre todo, trataba a las personas no por su profesión, sino por quiénes eran. Con Rienzo fue especialmente generosa.
Se conocieron en un evento en Villa Ortúzar, en una panadería donde estaban Donato de Santis y otras personalidades del medio gastronómico. Se rieron juntas, conectaron. A partir de ese momento, cada vez que veía a Rienzo en un evento, Checa le decía: “Marce, vení, siéntate conmigo”. Esa actitud de apertura, de hacer lugar, de invertir tiempo en las generaciones más jóvenes, marcó profundamente a Rienzo. “Ella me enseñó esa generosidad para con las nuevas generaciones”, recuerda. Y lo más importante es que Rienzo no solo recibió esa lección, sino que decidió convertirla en práctica de vida. Hoy actúa de la misma manera: guía a los sommeliers más jóvenes, responde sus consultas sobre cómo cobrar, qué decir, cómo moverse en la profesión. Considera que es un privilegio poder hacerlo, sabiendo que eventualmente serán ellos quienes le devuelvan esa mano.
El costo emocional y la distancia como perspectiva
Rienzo es honesta sobre el costo que tuvo su presidencia. No todos quedaron conformes con sus decisiones; hubo conflictos, tensiones propias de cualquier gestión que pretenda representar a un colectivo diverso. Incluso notó que algunas bodegas que le daban participación privilegiada cuando era presidenta, ahora que ya no ocupa ese cargo, la invitan menos a sus eventos. Son las reglas del juego, reconoce sin amargura. Lo que rescata, sin embargo, es el aprendizaje que dejó: ver cómo Argentina se posiciona a nivel mundial en la comunidad de sommeliers, ser parte de una asociación que está entre las más importantes del continente junto con Canadá.
Con el paso de los meses, esa experiencia agotadora se transformó. Como en las rupturas sentimentales, cuando el enojo se disipa y quedan los buenos recuerdos, Rienzo ahora mira atrás con cariño. Fue un momento especial de su vida, teñido de elementos personales que vivió en paralelo a sus responsabilidades institucionales. Pero fundamentalmente, fue la oportunidad de demostrar que la generosidad que Elizabeth Checa le enseñó puede perpetuarse, que el liderazgo verdadero no es sobre ocupar un cargo, sino sobre dejar un legado de apoyo, inclusión y compromiso con quienes vienen después.








