Matías Fantagussi es psicoanalista, consultor en hospital público y profesional privado en Mendoza. Pero hace casi una década incursionó en un terreno completamente distinto: la producción de vino. Su marca, El Psicoanalista Wines, nació en 2016 como un proyecto personal que hoy elabora cerca de 30.000 botellas anuales y llegó a vinotecas de Buenos Aires, Santa Fe y Rosario.
El camino hacia la industria vitivinícola fue circunstancial. La familia Fantagussi, ligada a la metalmecánica con negocios en China, enfrentaba la necesidad de generar exportaciones para compensar importaciones de insumos. Bajo las políticas del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, las empresas debían equilibrar la salida de divisas mediante exportaciones propias o asociadas. Así surgió una primera marca pensada exclusivamente para el mercado chino. Cuando ese modelo dejó de ser viable, Matías decidió hacer el proyecto propio y transformarlo en algo que lo representara.
La conexión entre el consultorio y la botella
Fantagussi trasladó al vino algo fundamental de su experiencia profesional: la capacidad de pausar, reflexionar y observar qué sucede. El vínculo entre ambas disciplinas se concentra en un punto clave: la pausa. «Tanto en el consultorio como en la toma de un vino se me figura la idea de detenernos un instante, en la vorágine del día a día, para propiciar un momento personal, de conexión con uno y con los otros», explica el productor.
En tiempos de ansiedad y demandas constantes, esa pausa cobra mayor relevancia. Mientras en el consultorio emergen la angustia y los ataques de pánico, el vino funciona como ese espacio para pensarse, para tomarse un tiempo en el ritmo de la vida cotidiana y revisarse. Para Fantagussi, la bebida posee esa característica intrínseca de interrupción reflexiva.
De los primeros lotes a la proyección actual
El primer lote salió en 2016 con 5.000 botellas de Malbec de El Cepillo, en San Carlos, sur del Valle de Uco. Hernán Olivera, sommelier y socio inicial, definió el perfil sensorial mientras Fantagussi desarrollaba la propuesta conceptual. Fabricio Balbontín, diseñador y amigo del productor, creó las etiquetas, cada una con una escena e historia particular.
La marca rotó de terruño —pasó por Gualtallary y Altamira— hasta establecerse en El Peral, Tupungato. Hoy trabaja con el enólogo Fernando Sota en viñedos ubicados entre 1.100 y 1.550 metros sobre el nivel del mar. El portfolio inicial de un único Malbec creció hacia Cabernet Franc, Petit Verdot, Torrontés Naranjo y una línea de corte que combina distintas cepas y terroirs.
Los precios sugeridos posicionan el Malbec, Cabernet Franc y Petit Verdot en $16.000, el Torrontés Naranjo en $20.000 y El Corte —línea de mayor complejidad— en $24.500. El canal principal sigue siendo la vinoteca. «Trabajamos con distribuidores en Buenos Aires, Santa Fe y Rosario», comenta Fantagussi, quien valora que ese espacio atrae «al consumidor que busca algo distinto», diferente de las marcas más establecidas en supermercados. Ya tuvo consultas de posibles compradores de Perú, Colombia, Brasil y México, aunque por ahora la comercialización es completamente local.







