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Vigil: La vitivinicultura argentina vive su mejor momento en calidad y reconocimiento

La vitivinicultura argentina vive su mejor momento en calidad y reconocimiento internacional, aunque enfrenta una caída en el consumo y la superficie productiva. Un cambio de hábitos globales y la competencia de nuevas formas de entretenimiento transforman la relación de los consumidores con el vino.

Vigil: La vitivinicultura argentina vive su mejor momento en calidad y reconocimiento

La vitivinicultura argentina atraviesa una paradoja compleja. Mientras el consumo de vino cae de manera sostenida y la superficie cultivada se reduce año tras año, la calidad y el reconocimiento internacional de los vinos locales alcanzan sus mejores niveles históricos. Así lo analiza Alejandro Vigil, enólogo e ingeniero agrónomo, quien ve en esta contradicción tanto un desafío como una oportunidad para la industria nacional.

El fenómeno del retroceso en el consumo excede las fronteras de Argentina. Durante la década del 70, el consumo per cápita llegaba a aproximadamente 90 litros por habitante. En 2025, esa cifra se derrumbó a apenas 15,7 litros, frente a los 16,3 del año anterior. Vigil atribuye esta caída a una “tormenta perfecta” donde confluyen coyunturas económicas globales y cambios profundos en los hábitos de consumo. Las nuevas generaciones muestran preferencias distintas, orientadas hacia el bienestar, el ejercicio y estilos de vida más saludables, que compiten directamente con el alcohol.

Sin embargo, Vigil relativiza la idea de que los jóvenes hayan abandonado completamente el vino. Según su observación, las nuevas generaciones sí continúan consumiendo esta bebida, pero con una selección más cuidadosa y en menor cantidad. Lo que cambió es la frecuencia: quien bebe vino tiende a hacerlo menos seguido, pero invierte más dinero en cada ocasión. Esta transformación impulsa la migración hacia segmentos de mayor precio, una tendencia observable a nivel mundial.

Los números de la crisis

Las consecuencias en la estructura productiva argentina son visibles. La superficie implantada con vid cerró 2025 en 196.220 hectáreas, perdiendo 3.726 hectáreas respecto al año anterior y acumulando una caída del 12,4% en la última década. Mendoza y San Juan, que concentran más del 90% de la superficie cultivada del país, fueron las provincias más afectadas con pérdidas de 17.903 y 8.830 hectáreas respectivamente. En los últimos diez años cerraron aproximadamente 1.100 viñedos. Las exportaciones alcanzaron 1,93 millones de hectolitros en 2025, la cifra más baja desde 2004. La vendimia 2026 tampoco revirtió la tendencia: Mendoza registró una caída cercana al 9%, con pérdidas de hasta 40% en algunas zonas del sur por heladas tardías y granizo.

El contexto internacional refleja la misma contracción. Francia, España, Italia, Australia y Estados Unidos también redujeron sus áreas de producción. California, responsable del 80% del vino estadounidense, redujo cerca del 7% de su superficie en 2025, dejando más de medio millón de toneladas de uva sin cosechar porque los productores consideraron más económico no recolectar que asumir los costos de cosecha.

Nuevas oportunidades

Frente a este escenario, la industria explora categorías marginales hace poco tiempo. El vino sin alcohol emerge como una alternativa relevante. En Catena trabajan desde hace aproximadamente dos años con distintas líneas de esta bebida. Un dato particularmente significativo: más del 70% de quienes compran vino sin alcohol nunca habían tomado vino anteriormente. Esto abre una posibilidad distinta a la simple recuperación de consumidores tradicionales: incorporar nuevos públicos que nunca desarrollaron el hábito.

La competencia ya no se limita a otras bebidas alcohólicas. El vino disputa presupuesto y tiempo de los consumidores con una variedad cada vez mayor de productos y experiencias recreativas, incluyendo nuevas formas de entretenimiento y cannabis como alternativa de consumo recreativo.

Argentina representa aproximadamente el 2,5% del mercado mundial del vino. Para Vigil, esa participación pequeña también constituye una oportunidad clara de crecimiento. El desafío consiste en expandir en un mercado internacional que, en términos generales, también se contrae. El turismo vitivinícola es otro frente importante. Mendoza perdió competitividad frente a otros destinos regionales debido a la estructura de precios y al tipo de cambio, enfrentando competencia directa especialmente desde Chile.

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