Louis Vuitton revive la carrera clásica más icónica de Europa

Louis Vuitton retoma una legendaria carrera de cuatro días por Italia que reúne automóviles clásicos extraordinarios. Del 1 al 4 de septiembre, la maison recorre las Dolomitas hasta desfilar en Monza durante el Gran Premio de F1.

El universo del lujo francés y el motor han caminado juntos desde hace más de un siglo. La historia de esta conexión es fascinante: en 1897, Georges Vuitton diseñó el primer baúl pensado específicamente para viajar en auto, una innovación revolucionaria para la época. Apenas ocho años después llegaron los Sacs Chauffeurs, bolsas circulares concebidas para alojarse en el compartimento de la rueda de repuesto. Estos objetos nacieron de necesidades concretas del viajero motorizado, pero establecieron los cimientos de una relación inquebrantable entre la maison y el automovilismo que permanece vigente hasta hoy.

Louis Vuitton ha construido su identidad alrededor del arte de viajar durante casi dos siglos, y esa filosofía sigue plenamente presente en cada iniciativa que desarrolla. Por eso la decisión de revitalizar una tradición desaparecida tiene todo el sentido. Del 1 al 4 de septiembre de 2026, la firma francesa recupera la histórica Classic Run, un viaje exclusivo de cuatro días que recorre aproximadamente 600 kilómetros reuniendo algunos de los automóviles clásicos más extraordinarios del planeta.

Una tradición dormida durante catorce años

La última edición de esta carrera, conocida como Serenissima Run, concluyó en Venecia en 2012. Desde entonces permanecía en el olvido. Ahora, catorce años después, Louis Vuitton la retoma precisamente en ese mismo punto para subrayar la magnitud de este resurgimiento. La tradición original comenzó en 1993 y llevó a coleccionistas y vehículos históricos a atravesar la selva de Malasia, las colinas de la Toscana, las carreteras entre Dalian y Pekín, y los bosques de Bohemia. Cada edición representaba un viaje singular a través de geografías y culturas distintas.

La versión 2026 preserva esa filosofía aventurera pero amplía significativamente el recorrido. El itinerario comienza en Villa Pisani, una monumental residencia veneciana ubicada en la Riviera del Brenta, para después adentrarse en las Dolomitas, reconocidas como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Durante dos jornadas intensas, los participantes afrontan una prueba de regularidad que los lleva por puertos de montaña, carreteras sinuosas y algunos de los paisajes más espectaculares de Europa. Aquí radica la diferencia fundamental respecto a una carrera tradicional: no gana quien más veloz sea, sino quien mejor interprete el ritmo de la ruta. Es una disciplina casi artesanal donde la precisión y el conocimiento mecánico pesan tanto como el coraje del conductor.

Monza como escenario de lujo y velocidad

Que la meta se encuentre en Monza no es casualidad. El 4 de septiembre, los coches participantes desfilarán sobre el legendario trazado del Autodromo Nazionale di Monza durante la jornada inaugural del Gran Premio de Italia de Fórmula 1. Louis Vuitton es patrocinador oficial de esta categoría máxima del automovilismo, lo que convierte el final de la carrera en un momento de convergencia entre el patrimonio histórico y la vanguardia deportiva contemporánea.

Luego los vehículos quedan expuestos en el patio de la Villa Reale, permitiendo al público contemplar una colección irrepetible de piezas históricas antes de que el viaje concluya en otro icono del patrimonio italiano: el Castello Sforzesco de Milán, donde se realiza la ceremonia de entrega de premios.

El trofeo: una obra de arte en movimiento

El trofeo que se entregará a los ganadores es una creación diseñada por la artista y diseñadora Sabine Marcelis, ejecutada por Venini, la histórica firma italiana especializada en vidrio artístico. Esta escultura no es estática; viajará durante toda la travesía dentro de un Trophy Trunk, un baúl creado especialmente para la ocasión. Louis Vuitton ha perfeccionado durante décadas el arte de custodiar algunos de los galardones deportivos más prestigiosos del mundo, incluyendo la copa del Mundial de Fútbol, lo que convierte a estos baúles de trofeos en piezas de ingeniería y diseño de altísimo nivel.

Más allá de los automóviles: patrimonio e historia

La Louis Vuitton Dolomites Classic Run trasciende el universo automotriz. Este recorrido por enclaves culturales fundamentales del norte de Italia refleja el empeño de la firma por conservar, restaurar y poner en valor el patrimonio artístico europeo. El viaje propone una experiencia multidimensional: atravesar Venecia, ascender a las cumbres de las Dolomitas, pisar el asfalto mítico de Monza. Con esta iniciativa, Louis Vuitton no solo recupera una tradición perdida, sino que encuentra el escenario perfecto para continuar escribiendo su historia como casa viajera, conectando su legado de dos siglos con el presente.

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