A La Par: espumosos mendocinos con raíces familiares y experiencia internacional

A La Par Espumosos surge del encuentro de dos familias vinculadas al vino que revivieron una bodega mendocina con la experiencia internacional de su enólogo en Dom Pérignon. Un proyecto de espumantes artesanales que combina raíces locales y elaboración de altura.

Gustavo Agostini y Mariela Gallardo comparten más que una asociación comercial: dos familias con historia vinculada al vino que decidieron darle nueva vida a una antigua bodega familiar ubicada en General Alvear. A La Par Espumosos nació de esa confluencia, combinando raíces mendocinas con una elaboración que responde a estándares internacionales de excelencia.

El proyecto comenzó con las primeras 400 botellas elaboradas con uvas Pinot Noir y Chardonnay del Valle de Uco, fermentadas en pequeños tanques de acero inoxidable. Cada botella refleja un proceso artesanal donde la familia participa desde la cosecha. Lo que distingue a este emprendimiento es que detrás de su filosofía productiva está la experiencia de Agostini en Dom Pérignon, una referencia que moldeó su manera de entender los espumantes de alta gama.

La historia del lugar

La bodega que hoy alberga el proyecto tiene una carga sentimental particular. Su padre la adquirió en 1984 y, ya en 2010, Gustavo y Mariela compraron la propiedad a sus padres. Pasaron cinco años restaurándola meticulosamente, hasta que en 2025 completaron la intervención e instalaron la champañera. Ese tiempo de pausa no fue ocioso: ambos viajaron por el mundo trabajando en otros proyectos, enriqueciendo su visión antes de regresar.

La lección de Dom Pérignon

Agostini es ingeniero agrónomo y enólogo. Su trayectoria lo llevó a trabajar en Bodega Chandon entre 2008 y 2011, período durante el cual comenzó su vínculo con Dom Pérignon. Tras independizarse en 2019, presentó formalmente su currículum ante la casa francesa, participando entre 2022 y 2023 como el primer enólogo latinoamericano en integrar de manera particular el equipo de Dom Pérignon.

De esa experiencia extrajo una enseñanza central: la excelencia requiere tiempo y una mirada que abarque desde el viñedo hasta la botella final. “Buscan lo mejor de lo mejor en la elaboración de burbujas, sin cambiar la filosofía de tanta historia”, reflexionó. Esa premisa se trasladó directamente a los propios productos. Los espumantes premium de A La Par cuentan entre cuatro y seis años de guarda sobre levaduras, el tiempo necesario para alcanzar esa excelencia.

El proyecto mantiene deliberadamente una escala familiar y una producción limitada. Cada integrante contribuye desde su expertise: Gustavo desde la elaboración técnica, Mariela desde la comunicación, el diseño y la experiencia del consumidor. Así nació A La Par: un espacio donde la tradición familiar dialoga con la sofisticación internacional.

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