Buenos Aires es una ciudad que susurra historias en cada esquina, pero hay un rincón particular donde el tiempo parece haberse detenido para preservar el rastro de la ambición, el dinero y la pasión de la elite argentina. En apenas cinco cuadras, el barrio de Retiro concentra una densidad histórica y arquitectónica que permite desandar un siglo de identidad nacional, desde los palacios de inspiración francesa hasta los rascacielos que desafiaron las nubes en los años 30.
En el programa Ventana o Pasillo Maia Chacra nos propone una travesía que convierte un simple paseo nocturno en una visita a un museo a cielo abierto, donde cada edificio es un monumento a quiénes fuimos y cómo se moldeó el corazón de la ciudad
El escenario: Plaza San Martín y el sello de Thays
Todo este despliegue de esplendor tiene como escenario principal a la Plaza San Martín. Este espacio no es un parque más; fue diseñado a fines del siglo XIX por el célebre paisajista Carlos Thays, el mismo visionario detrás del Jardín Botánico. En aquel entonces, Retiro era el epicentro de la aristocracia porteña, y la plaza fue concebida como el marco perfecto para sus residencias. La intención era clara: que se notara el poder y el refinamiento de la clase alta, con un nivel de detalle y cuidado estético que hoy sigue deslumbrando a quienes se detienen a contemplar su entorno
1. Edificio Kavanagh: La arquitectura como arma de venganza
Dominando el horizonte de la plaza se encuentra el Edificio Kavanagh, una mole de hormigón que, al ser inaugurada en 1936, ostentó el título del rascacielos más alto de toda Latinoamérica. Con sus 42 pisos de puro estilo Art Deco, es una joya de la arquitectura moderna, pero su verdadera fascinación reside en la historia de despecho que lo rodea.
Cuenta la leyenda que Corina Kavanagh mandó a construirlo para concretar la “venganza más cara y elegante de la historia argentina”. Tras ser rechazada por la familia Anchorena para un romance con uno de sus herederos —debido a que ella no pertenecía a su mismo estatus social—, Corina compró el terreno frente a la iglesia que los Anchorena habían edificado. Levantó el Kavanagh con tal altura que bloqueó para siempre la vista que la familia tenía desde su palacio hacia su propio templo, dejando un monumento permanente a su resentimiento y su poder adquisitivo.

2. Torre Monumental: El eco de dos naciones en un reloj
Frente a la estación de trenes se alza la Torre Monumental, una estructura de ladrillos rojos y reloj que es un ícono inconfundible de la ciudad. Fue donada originalmente por la colectividad británica en 1916, como un regalo por el centenario de la Revolución de Mayo, y durante décadas fue conocida popularmente como la “Torre de los Ingleses”.
Sin embargo, tras el conflicto bélico de 1982 por las Islas Malvinas, el nombre se volvió insostenible y fue rebautizada oficialmente como Torre Monumental. Hoy en día, la convivencia de ambos nombres en el habla cotidiana de los porteños refleja una incomodidad histórica que dice más sobre la identidad argentina que cualquier libro de historia. Sigue siendo uno de los puntos más bellos de la zona, marcando el pulso de Retiro con su imponente presencia.

3. Palacio Paz: El sueño de Versalles en plena ciudad
Ocupando una manzana entera —y esto no es una metáfora, sino una realidad física—, el Palacio Paz es un testimonio de la opulencia sin límites de principios del siglo XX. Con una extensión de 12,000 metros cuadrados y 150 habitaciones, fue construido originalmente como la residencia privada de una sola familia.
Inspirado directamente en el Palacio de Versalles de Francia, su escala es tan descomunal que hoy resulta difícil imaginar que alguien pudiera llamar “hogar” a semejante estructura. Actualmente funciona como la sede del Círculo Militar, pero al caminar frente a sus muros es imposible no sentirse transportado a una época donde el lujo privado buscaba competir con la realeza europea.

4. Palacio San Martín: Del poder privado al servicio diplomático
A menudo, el Palacio San Martín pasa desapercibido frente a la magnitud de sus vecinos, pero es una pieza fundamental del rompecabezas histórico de Retiro. Construido también por la familia Anchorena como una demostración de su estatus privado, el edificio es una obra maestra de la arquitectura residencial de elite.
En 1936, el Estado Nacional adquirió la propiedad, transformando lo que era una casa familiar en el centro del poder público. Hoy es la sede de la Cancillería Argentina, el lugar donde se reciben a jefes de Estado extranjeros y se firman los tratados internacionales que rigen el destino del país. Es el ejemplo perfecto de cómo el legado de la aristocracia terminó integrándose al funcionamiento institucional de la nación.

5. El renacer de una joya: La restauración del Hotel Plaza
Para cerrar este circuito de historia y lujo, la mirada debe posarse en el Hotel Plaza, otra joya arquitectónica que ha sido testigo silencioso de décadas de turismo y movimiento en la zona. Tras haber cerrado sus puertas en el año 2017, el hotel se encuentra actualmente en un profundo y meticuloso proceso de restauración.
Se espera que para el 2028 el Hotel Plaza vuelva a abrir sus puertas, devolviéndole a la zona de la Plaza San Martín ese toque de “magia” y sofisticación que lo caracterizó durante tanto tiempo. Su reapertura no solo recupera un edificio histórico, sino que promete revitalizar el flujo turístico y cultural del barrio, completando este recorrido por el esplendor porteño.
Caminar por estas cinco cuadras sabiendo qué significa cada edificio permite ver la ciudad con otros ojos. Retiro no es solo un centro de trasbordo; es un laberinto de pasiones, guerras, venganzas y palacios que esperan ser descubiertos por el viajero curioso









