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Bangkok en 72 horas: templos milenarios, mercados flotantes y la gastronomía más barata del mundo

Recorrimos tres de los santuarios budistas más sagrados de Tailandia, cruzamos el río en bote y descubrimos por qué comés de lujo por casi nada en una de las ciudades más visitadas del planeta.

Bangkok en 72 horas: templos milenarios, mercados flotantes y la gastronomía más barata del mundo

Ventana o Pasillo. Programa conducido por Maia Chacra. Estrena todos los miércoles a las 19 hs en Winexplorers por YouTube.

Recorrimos tres de los santuarios budistas más sagrados de Tailandia, cruzamos el río en bote y descubrimos por qué comés de lujo por casi nada en una de las ciudades más visitadas del planeta.

Bangkok es uno de esos destinos que genera expectativas contradictorias antes de llegar. Treinta millones de personas la visitan cada año, y cuando tocás tierra en esta capital tailandesa de más de 11 millones de habitantes, entendés por qué. La ciudad es un contraste permanente: rascacielos futuristas conviven con templos milenarios, mercados callejeros ancestrales se despliegan a metros de zonas financieras ultramodernas, y en cada esquina encontrás una experiencia gastronómica que desafía cualquier presupuesto. Desde Buenos Aires, el viaje es largo —aproximadamente 30 horas con escalas— pero apenas bajás del avión, ese cansancio se evapora.

Los templos ancestrales: un viaje espiritual obligatorio

Si querés entender Bangkok, tenés que recorrer sus templos. La recomendación más importante es hacerlo muy temprano en la mañana y, si es posible, con un guía en español. La diferencia es abismal: evitás multitudes y podés realmente conectar con la espiritualidad que respira cada rincón.

El primero que visitamos fue Wat Po, donde te encontrás de frente con el famoso Buda recostado. Es imposible no quedarte sin palabras. Mide 46 metros de largo y 15 de alto, todo bañado en oro, descansando con la cabeza apoyada sobre el brazo. El templo tiene más de 300 años de historia, y cada detalle cuenta una parte de esa narrativa. Lo espectacular no es solo su tamaño, sino la experiencia del recorrido: caminas alrededor de la figura completa hasta llegar a los pies, donde descubrís incrustaciones de nácar que brillan como advertencia de lo sagrado. El silencio es envolvente. Aunque hay turistas, la cantidad de fieles que van a rezar mantiene un clima profundamente espiritual. La entrada cuesta alrededor de 830 pesos.

Desde Wat Po cruzamos el río en un pequeño bote en apenas 5 minutos. Del otro lado nos esperaba Wat Arun, el templo del amanecer. Con sus 67 metros de altura, parece que tocara el cielo. El nombre viene de que el mejor momento para verlo es al amanecer, cuando los colores naranjas reflejados en el río son impresionantes. Pero te juro que a cualquier hora es hermoso. De noche lo iluminan de una manera espectacular, y hay cafecitos alrededor donde podés sentarte a disfrutar la vista mientras cae el sol. Alrededor del templo hay miniaturitas de esa misma estructura, que son tumbas de gente importante de la historia tailandesa. La entrada, incluido el bote que te cruza, ronda los 550 pesos.

El tercero fue Wat Pra Kaew, el más sagrado de todos, aunque no es el más viral en redes sociales. Adentro está la esmeralda de Buda, la reliquia más venerada en Tailandia. Las paredes brillan de tanto oro, los techos se pierden en la altura atesorando historias de la cultura tailandesa. Es un lugar tan espiritual que hasta los monjes tienen sectores separados —no pueden tocar mujeres ni estar demasiado cerca de ellas, algo que evidencia lo fuerte que son las tradiciones. Cuando recorres estos templos, descubrís detalles como demonios con espadas blancas clavadas, sobre los cuales los locales te cuentan que si pasás tres veces tu cartera detrás de ellos, te viene buena fortuna. Obviamente, lo hicimos.

Mercados flotantes: tradición que no evoluciona

El mercado flotante de Damnoen Saduak es probablemente lo que viste en redes sociales. Parece un show armado para turistas, pero acá hay que aclarar algo importante: aunque tiene esa dimensión turística, no es mentira. Nacido en 1866 cuando el rey mandó cavar un canal para conectar dos ríos y mover mercadería, sigue funcionando de la misma manera. Gente remando botes cargados de frutas y curry, sin modernización, sin cambios. Es uno de esos contrastes que define Bangkok: por un lado tenés tecnología de punta y rascacielos, y por el otro, un sistema de transporte y comercio que tiene 150 años de antigüedad y continúa así porque funciona.

La gastronomía más barata del mundo en alta cocina

Bangkok es un dilema fascinante: es cara para llegar, pero increíblemente barata una vez que estás ahí. Probé patay —fideos de arroz con tofu, camarones, brotes de soja, todo muy picante— por apenas 550 pesos en un puesto callejero, y era un plato enorme, lleno, impresionante. Hay más de 50 tipos de comida callejera: tomyum, curry, arroz pegajoso con mango, sopa de fideos, mariscos a la plancha. Cada vendedor se especializa en algo puntual, y la calidad es consistente.

Pero Bangkok es también la capital de la alta cocina asiática. En la misma ciudad donde comés por casi nada en la calle, podés acceder a algunos de los mejores restaurantes del mundo. Gagán, numero seis a nivel mundial, es un acto de teatro. Son 14 asientos en una barra, paredes de hormigón, luces de neón. El chef Gagán —hindú, músico, rebelde total— te pide que dejes el celular porque la experiencia es transmedia: mientras comés, te pone música de los 90 y toda la barra canta junto con el equipo. Potong, en el barrio chino, está en un edificio que era farmacia y que Chef Pam transformó en uno de los mejores restaurantes del mundo. Fue elegida mejor chef femenina del planeta. Ledu y Nusara, ambos con una estrella Michelin, trabajan con Chef Ton. Nusara tiene una vista de 360 grados: mientras comés, ves los templos que visitaste horas antes, incluyendo al Buda recostado de Wat Po. Es surrealista. Y lo mejor de todo: podés reservar online sin costo y un trago tiene precio lógico. Bangkok no es caro. Al contrario.

Los rooftops y el transporte

Para moverte por la ciudad, evitá los taxis —el tráfico es insoportable— y olvídate del tuc tuc, aunque sea tentador. Circulan 35.000, pero no son seguros: no tienen puertas, el techo es de plástico, y van demasiado rápido en vías peligrosas. Nunca verás a un tailandés en uno. La mejor opción es el BTS, un tren elevado que atraviesa la ciudad con aire acondicionado, rápido y cómodo.

En cuanto a los rooftops, Ledu K en el piso 56 del rascacielos Empire es probablemente uno de los mejores del mundo. Primera terraza tailandesa en una azotea dirigida por un chef estrella Michelin. La vista es de 360 grados, la decoración impecable, y volvería 10 veces. Skybar en el hotel Lebuas fue durante años el bar al aire libre más alto del planeta, con 247 metros de altura. Se hizo famoso por la película Hangover, que casualmente se filma toda en Bangkok.

Bangkok te golpea con su dualidad: es simultáneamente ancestral y futurista, cara y barata, espiritual y desenfrenada. Tres días no son suficientes para captarla en su totalidad, pero son los justos para enamorarte.

Mirá el episodio completo de: Ventana o Pasillo #13 ⎥Maia Chacra con Pablo Park de HAN ⎥Destino: Bangkok

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