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Caramelos a granel: una tradición que resiste en la era del dinero digital

A pesar de que el efectivo desapareció de los kioscos, los caramelos a granel siguen siendo elegidos por consumidores argentinos. Explorá cómo esta categoría evoluciona hacia formatos más blandos como las gomitas.

Caramelos a granel: una tradición que resiste en la era del dinero digital

OCIO, programa conducido por Ernesto Martelli y Nico Artusi. Estrena todos los viernes a las 19 hs en Winexplorers por YouTube.

Durante décadas, los caramelos a granel fueron sinónimo de infancia argentina. Esas tolvas multicolores en las dietéticas, kioscos de barrio y comercios de proximidad representaban un ritual de consumo tan naturalizado que parecía eterno. Sin embargo, la llegada de las billeteras virtuales y la casi desaparición del efectivo en los puntos de venta generó una pregunta incómoda: ¿qué pasa con la venta de caramelos cuando desaparece el vuelto en monedas? La respuesta es más compleja de lo que parece.

A nivel mundial, el consumo de caramelos duros ha ido disminuyendo de manera sostenida durante los últimos veinte años. Argentina, sin embargo, presenta una particularidad única: el fenómeno de merma es mucho menor que en otros países, gracias a la persistencia del kiosco como institución comercial. A pesar de la digitalización de los pagos, los caramelos a granel siguen siendo elegidos por una base importante de consumidores que valoran la experiencia de mezclar sabores, hacer su propia selección en esas bandejas tradicionales y disfrutar de esa indulgencia accesible. El rol del vuelto, que alguna vez fue crucial para impulsar estas compras, ha caído drásticamente, pero el producto permanece en las góndolas porque responde a algo más profundo que una transacción por cambio.

Lo que sí cambió de manera radical es hacia dónde migró el consumo. Los caramelos duros a granel han cedido terreno frente a formatos más blandos como las gomitas. Este es el cambio más significativo en la categoría: mientras que antes los niños compraban caramelos duros en el camino a la escuela, hoy eligen gomitas. La evolución es clara en las preferencias etarias. Los consumidores más jóvenes han abandonado completamente los caramelos duros tradicionales, optando por texturas más suaves que se adaptan mejor a sus gustos contemporáneos. Sin embargo, hay un fenómeno contrario que merece atención: a nivel adulto, comienza a haber un renovado consumo de caramelo duro que se establece como un hábito, frecuentemente ligado a momentos sociales o como acompañamiento de otras actividades.

La figura de la caramelera —esa pieza de mobiliario doméstico que toda tía que se respetara tenía en su living— sigue siendo vigente en la memoria del consumo argentino. Aunque ya no están presentes en los hogares como lo fueron hace décadas, su persistencia en el imaginario colectivo habla de algo más que nostalgia. Representa un tiempo en que las golosinas eran parte de la hospitalidad, del encuentro social, de momentos compartidos en familia. Esa memoria emocional no desaparece tan fácilmente, y explica por qué los caramelos a granel mantienen su presencia incluso cuando el sistema de pagos cambió completamente.

La digitalización de los pagos sin duda impactó en esta categoría, pero no de la manera catastrófica que algunos podrían haber predicho. Sigue habiendo consumidores que van a la caja del supermercado de proximidad y eligen caramelos a granel incluso cuando pagan con billetera virtual o tarjeta. No es necesario el vuelto para justificar la compra; el impulso, la indulgencia y el ritual siguen siendo suficientes motivaciones. El kiosco argentino, como estructura comercial única en el mundo, jugó un rol fundamental en esta resistencia. A diferencia de otros países donde los pequeños comercios desaparecieron o se transformaron, aquí los kioscos persistieron adaptándose a los nuevos métodos de pago sin renunciar a sus características más distintivas.

Lo que emerge de esta evolución es un consumo más selectivo y menos impulsivo respecto al vuelto, pero no menos real. Los caramelos duros a granel no desaparecieron; simplemente encontraron un nuevo lugar en el ecosistema de compra. Hoy conexisten con las gomitas, con los alfajores, con los chocolates premium que lanzan las marcas tradicionales. La categoría se reconfiguró: perdió el impulso del redondeo pero ganó una legitimidad distinta, basada en el gusto genuino y no solo en la conveniencia del cambio. En ese sentido, la transición hacia formas más blandas como las gomitas no es el fin de una tradición, sino su evolución natural. La caramelera puede haber desaparecido del mueble del living, pero su espíritu pervive cada vez que alguien elige una gomita o un caramelo duro en el kiosco de la esquina, pagando con el teléfono, demostrando que algunas tradiciones argentinas son más resilientes de lo que imaginamos.

Mirá el episodio completo de: OCIO #10 ⎥Mundo Chocolate⎥ Ernesto Martelli y Nico Artusi

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