Ventana o Pasillo. Programa conducido por Maia Chacra. Estrena todos los miércoles a las 19 hs en Winexplorers por YouTube.
Cuando viajar significa aprender a cocinar
La forma de viajar cambió. Ya no alcanza con sentarse en una mesa bonita, pedir un plato sofisticado y disfrutar de la gastronomía local como espectador. La tendencia más fuerte que marca 2026 es meter las manos en la masa, literalmente. Las clases de cocina se convirtieron en la atracción turística principal de destinos alrededor del mundo, y Buenos Aires está lista para sumarse a esta ola con sus propias experiencias culinarias.
Según el informe de tendencias de viaje de Airbnb, el turismo gastronómico experiencial explota como nunca. Ya no querés solo salir a comer al destino; querés cocinar, participar, aprender directamente de quienes dominan esa gastronomía. Es una experiencia que trasciende lo gastronómico: es conectar con la cultura local de la manera más íntima posible, a través de sus sabores y técnicas ancestrales.
De París a Tokio: clases con sabor de destino
Las opciones son tan variadas como los destinos mismos. Imaginá una mañana en París aprendiendo a hacer croissants auténticos, sudando en una cocina francesa mientras un maestro panadero te enseña el secreto del hojaldre perfecto. O en Tokio, preparando mochi con técnicas que se remontan siglos atrás. En Lisboa, hay clases de chocolate donde descubrís por qué ese país es referencia mundial en el rubro. Cada experiencia es puntual, característica del lugar, diseñada para que te lleves más que una foto: te llevás un conocimiento que solo podés adquirir ahí.
Lo interesante es que estas clases no son un complemento del viaje; se están convirtiendo en el viaje mismo. La gente elige sus destinos pensando en qué va a cocinar, no solo en qué va a comer. Es un cambio de mentalidad importante: el turista ya no es pasivo. Quiere ser protagonista de su experiencia culinaria.
Buenos Aires entra en la jugada
La capital argentina no está ajena a esta tendencia. Acá, en Palermo Soho, funciona Argentine Experience, un espacio donde turistas de todo el mundo vienen a aprender y practicar la cocina local. No es solo cocinar por cocinar; es una inmersión cultural. Los visitantes aprenden a preparar un mate de verdad —porque sí, hay técnica, hay protocolo— y descubren cómo se hacen las empanadas argentinas clásicas. Es gastronomía con contexto, con historia, con las manos en la masa.
Estas experiencias funcionan porque responden a algo profundo: la necesidad de conectar de manera auténtica con un lugar. Un supermercado turístico te muestra cómo vive la gente; una clase de cocina te hace vivir como ellos, aunque sea por una mañana. Es la diferencia entre observar una cultura y participar en ella.
Una nueva forma de entender el turismo
Lo que hace especial esta tendencia es que no discrimina destinos. Funciona en París con sus croissants, en Tokio con su mochi, en Buenos Aires con sus empanadas. Funciona porque la gastronomía es universal, pero cada lugar tiene su firma. Y los viajeros modernos lo saben: quieren esa firma grabada en sus manos, en su paladar, en sus recuerdos.
Si planeás un viaje en 2026, hacé lugar en tu itinerario para una clase de cocina. No es una actividad secundaria. Es el corazón de la experiencia. Porque al final, los viajes se recuerdan por lo que comimos, pero se valoran por lo que aprendimos a cocinar.







