Los mejores sándwiches de Buenos Aires están en estos doce lugares

Una guía por los mejores lugares para probar los clásicos y las innovaciones más sabrosas de Buenos Aires. Desde sándwiches italianos hasta versiones porteñas reinventadas, estos doce destinos son imprescindibles para todo amante del buen comer.

Los mejores sándwiches de Buenos Aires están en estos doce lugares

Una selección de espacios donde el arte de armar un buen sándwich sigue siendo cosa seria en la ciudad. Desde versiones clásicas hasta propuestas contemporáneas, estos doce lugares concentran lo mejor de la tradición porteña y las nuevas tendencias.

Áncora: el sándwich como disciplina

En Retiro, los sándwiches ocupan una sección propia de la carta y funcionan como puerta de entrada a una cocina rioplatense de impronta actual. La propuesta se sostiene en buen producto, técnica precisa y combinaciones bien resueltas. El Club Sandwich lleva pollo grillado, tomate, lechuga, jamón, queso fundido y panceta crocante, servido entre pan tostado con papas doradas al costado. El Chivito retoma el clásico uruguayo en versión contundente, con ojo de bife jugoso, jamón, panceta, queso, huevo, vegetales y mayonesa casera. La experiencia se completa con cócteles clásicos y aperitivos, más una selección de vinos curada especialmente.

Versalles: el bocata español en porteño

A Coruña convierte sus bocatas en uno de los grandes atractivos de la carta. La propuesta gira en torno a la cocina española, destacando el sándwich de tortilla con chorizo colorado y alioli, el de rabas con alcaparras y alioli, el de buñuelos con morrones y mayonesa de pimentón, y el de jamón crudo con aceitunas negras. Para maridar, lo ideal es ir por un chopp bien frío, sidra o un vermut con soda o pomelo, que equilibra los sabores y completa el plan. El combo cierra en un salón cálido con guiños a Galicia o en la amplia vereda al aire libre, que se activa desde las 18 de lunes a viernes y los fines de semana a partir del mediodía. Los postres también merecen lugar: peras al vino tinto con crema, natilla de naranja y azafrán o budín de pan con dulce de leche y crema acompañan bien el café.

Buche Salumería: la obsesión italiana

En Villa Devoto, este espacio rinde culto al sándwich con una sección completa de la carta bautizada “los san-buche”. La estrella son sus versiones más generosas, servidas en distintos panes con guiños a la tradición italiana: jamón crudo y lardo con gruyere, jamón crudo con tomates en oliva y parmesano, o salame tipo spianata con reggiano y manteca. También están el pastrón con pepinos encurtidos y mostaza, pavita apenas ahumada con gouda y chutney de estación, y brie con pistachos y tomates asados. La experiencia sigue con sándwiches de miga artesanales que reivindica el clásico porteño, conviviendo los infalibles jamón y queso o salame y queso con versiones sofisticadas como jamón crudo con gruyere, asadito argentino con fontina y porchetta con gouda. Cada san-buche puede pedirse en focaccia, ciabatta, baguetín clásico o baguetín de cabutia.

Biasatti Pastificio: la focaccia como arte

En Colegiales, este pastificio y cafetería eleva la focaccia con versiones artesanales. La masa, elaborada con biga —un prefermento que descansa durante 24 horas— y una hidratación del 75%, da como resultado una miga aireada y una corteza crocante. Entre las opciones más tentadoras está la focaccia de mortadela con pistacho, pesto de albahaca, ricota cremosa y stracciatella, una combinación que resume el espíritu italiano. También destacan la de prosciutto, rúcula y manteca de parmesano y la versión vegetariana con berenjenas asadas, tomates secos, pesto de albahaca, burrata, albahaca fresca y parmesano. Además de consumirse en el local, hay take away: en casa se hornean unos minutos para quedar como recién hechos.

Sifón: el bodegón moderno en dos versiones

Con dos sedes (Chacarita y Paseo La Plaza), este bodegón moderno propone sándwiches que condensan su espíritu. La opción vegana se construye a partir de gírgolas como eje, en pan ciabatta que incorpora hummus, vegetales frescos y cebolla morada encurtida. El de pollo frito (disponible en Chacarita) se sirve en pan brioche con sriracha, pepinillos, repollo y sésamo, mientras que el puré de calabaza actúa como toque final que equilibra el conjunto. Ambos incluyen papas fritas como acompañamiento. Entre vermuts al atardecer, ciclos de música y una terraza pensada para disfrutar sin apuro, siempre hay algo pasando.

Mondongo & Coliflor: piezas XL en el clásico barrio

En una de las esquinas más tradicionales de Parque Chacabuco, este lugar apuesta por piezas XL servidas en pan ciabatta de masa madre y acompañadas por papas fritas. Los clásicos porteños conviven sin conflicto con combinaciones audaces: desde la infaltable milanesa con lechuga, tomate y mayonesa hasta el bife de chorizo con manteca de chimichurri o la bondiola con queso y cebolla caramelizada. También hay espacio para la Caesar en formato sándwich, con pollo, parmesano y su clásica salsa. El choripán completa la oferta, en versión clásica o con provoleta, siempre en pan francés. Los sándwiches pueden pedirse para llevar con bebida incluida o disfrutarse en el salón con vino o cerveza bien fría.

Almacén y Bar Lavalle: bodegón moderno con historia

Con casi un siglo de historia y una reciente puesta en valor, este espacio reabrió con una propuesta que combina espíritu de bodegón moderno y cocina clásica. Entre platos de impronta porteña, los grandes protagonistas son sus pebetes en pan brioche. Uno de los más destacados es el de jamón crudo, preparado con jamón cordobés estacionado durante 18 meses, queso Mar del Plata, manteca y rúcula. Otra favorita es la hamburguesa de almacén, servida en pan tipo pebete de formato ovalado, con carne de bife de chorizo, queso brie, pepinos agridulces, morrones, cebolla encurtida y chimichurri verde. Dentro de las propuestas más originales aparece el pebete de vitel toné, disponible todo el año, con carne de peceto, lechuga fresca y la clásica salsa toné. Todos los sándwiches salen acompañados por porción de tortilla fría o papas fritas, y puede cambiarse el pan brioche por francés, integral o árabe tostado.

La Zarpada Almagro: la pinsa romana porteña

Este espacio recupera el espíritu de los pizza-café de los 90 en clave contemporánea, con una carta que va de la pinsa romana a los sándwiches, minutas y pastas caseras. La combinación de mortadela, burrata y pesto encuentra su mejor aliado en un pan de pinsa romana horneado en el local, elaborado con una mezcla de harinas de trigo, arroz y soja y una fermentación de 48 horas que le aporta ligereza y una corteza crocante. El “Mortadela zarpado” combina abundante mortadela y burrata con un pesto casero de receta secreta. La ambientación acompaña con guiños a los años 50 y 60, entre murales de Sandro y la Coca Sarli, un piano en uso, metegol y una barra pensada para quedarse un rato largo.

La Poesía: el clásico de la cultura porteña

En la histórica esquina de Chile y Bolívar, este espacio sigue siendo un clásico de la cultura porteña, donde el pasado de escritores y artistas convive hoy con jazz, libros y una cocina que va de bodegón a sándwiches de la casa. Uno de los más populares es el sándwich de pastrón, servido en pan figazza elaborado en el local con receta tradicional.

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