Vinorama, con la conducción de Fabricio Portelli y Andrés Rosberg. Estrena todos los martes a las 19 hs en Winexplorers por YouTube.
Un poco de Mendoza en las afueras porteñas
A pocos kilómetros de Campana, camino al norte del conurbano bonaerense, existe un lugar que replica la experiencia que genera Casa Vigil en Mendoza. Se trata de Estancia Vigil, el proyecto que Alejandro Vigil decidió materializar para acercar su universo vinícola a quienes viven en Buenos Aires o transitan por la región. No es simplemente una bodega más, sino una extensión natural de la filosofía que caracteriza al bodeguero mendocino: la combinación de vino, experiencia y comunidad.
La réplica del concepto
Estancia Vigil nació de la necesidad de llevar la experiencia Casa Vigil más allá de las montañas. En el predio, que funciona como punto de encuentro, conviven varios elementos que conforman una propuesta integral. Hay un pequeño viñedito que antecede la llegada a la bodega, una instalación que funciona como operación de producción pero también como salón de venta. Este espacio permite que los visitantes no solo accedan a los vinos de Vigil, sino que experimenten el contexto en el que nacen, aunque en una escala diferente a la que propone su bodega madre en Mendoza.
La propuesta refleja la intención de Vigil de democratizar el acceso a su proyecto. No se trata de replicar idénticamente Casa Vigil, sino de adaptar sus principios fundamentales a un contexto diferente. En Estancia Vigil, el visitante bonaerense o el turista que pasa por la zona puede entender quién es Alejandro Vigil, qué filosofía lo guía y, fundamentalmente, puede degustar y adquirir sus vinos sin necesidad de viajar a Mendoza.
Un destino en construcción
Desde su inauguración, Estancia Vigil se ha consolidado como un destino que invita a ser visitado al menos una vez, especialmente para quienes residen en el área metropolitana. La cercanía geográfica, sumada a la propuesta experiencial, la posiciona como una alternativa para quienes buscan conectar con el mundo del vino sin alejarse demasiado de la ciudad. El lugar ha recibido personalidades del ámbito deportivo y cultural, lo que testimonia su potencial como punto de encuentro y referencia en la zona.
La importancia de la extensión
La decisión de Vigil de abrir Estancia Vigil en Buenos Aires responde a una lógica comercial pero también estratégica. En un contexto donde el consumo de vino argentino continúa siendo fundamental para el mercado interno, tener una presencia cercana a la zona de mayor concentración demográfica del país amplifica el alcance del proyecto. Además, permite que Vigil maneje directamente cómo se presenta su marca y su propuesta, sin depender enteramente de canales de distribución convencionales.
Lo que distingue a Estancia Vigil es que no pretende ser una bodega completa ni competir con los grandes emprendimientos de la región. Su escala es modesta, su objetivo es específico: crear un espacio donde la experiencia Vigil sea accesible. Esto incluye la posibilidad de conocer a personas involucradas en el proyecto, entender la filosofía detrás de los vinos y, eventualmente, convertirse en un lugar de reunión para quienes comparten esta visión sobre el vino como experiencia integral, no como mero producto.
El reflejo de una tendencia
La apertura de Estancia Vigil se inscribe en una tendencia más amplia que existe en la viticultura argentina contemporánea. Bodegueros como Matías Michelini están incursionando en España, mientras que otros buscan expandir su presencia en el mercado doméstico de nuevas formas. En el caso de Vigil, la apuesta es interna pero estratégica: acercar Mendoza a Buenos Aires, crear un espacio que funcione como embajada de sus valores y, al mismo tiempo, fortalecer su posicionamiento en el mercado argentino en un momento en que diversificar canales de venta resulta crucial.
Estancia Vigil es, en definitiva, la materialización de una visión que entiende que el vino trasciende la botella. Es un lugar donde la geografía mendocina se traslada al conurbano porteño, donde quienes no pueden viajar a las montañas tienen la oportunidad de experimentar parte de esa magia. Para Alejandro Vigil, esta extensión representa la posibilidad de mantener viva su propuesta experiencial en un contexto diferente, conservando la esencia de lo que lo caracteriza: la generosidad, la comunidad y la celebración del vino como forma de vida.







