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Rodo Reich: el periodista que convirtió su pasión por comer en una profesión envidiable

Con más de 25 años especializándose en gastronomía, el crítico argentino revela cómo mantener vivo el entusiasmo en un oficio donde el riesgo es que todo deje de gustarte. Una conversación sobre placer, periodismo y la obsesión por aprender.

Rodo Reich: el periodista que convirtió su pasión por comer en una profesión envidiable

OCIO, programa conducido por Ernesto Martelli y Nico Artusi. Estrena todos los viernes a las 19 hs en Winexplorers por YouTube.

Más de 25 años viviendo de lo que ama

Rodo Reich lleva casi tres décadas dedicándose a la gastronomía desde una perspectiva que combina el disfrute genuino con el rigor periodístico. Comenzó en el año 2000 y hoy, con más de 26 años de trayectoria, se ha convertido en uno de los críticos gastronómicos más respetados del país. Su rol va más allá de probar y calificar: es periodista, investigador, jurado en competencias internacionales, autor de libros especializados y comunicador apasionado por difundir un universo que considera inabarcable pero profundamente cercano a todos.

Lo que distingue a Reich es su capacidad de transformar una pasión inicial —simplemente le gustaba comer— en una profesión envidiable sin perder el entusiasmo que la define. Cuando alguien le dice que tiene "el mejor laburo del mundo", él responde con una reflexión más profunda: su trabajo está vinculado al disfrute, sí, pero también a entender, a aprender, a comunicar. No es solo consumir, es investigar qué sucede con la carne que probamos, qué está pasando con nuestros productores locales, cómo se relacionan las tradiciones culinarias con la historia de las regiones. Ese componente intelectual y racional es lo que le permite mantener vivo el entusiasmo después de tantos años.

El riesgo silencioso: cuando lo placentero se convierte en carga

Reich es consciente de un peligro real en su profesión: que todo deje de gustarte. Menciona el caso del crítico gastronómico principal del New York Times que renunció a su cargo por razones de salud y también por hastío. Es un riesgo que comparten músicos, críticos de arte y creativos en general —esa fatiga que surge de hacer constantemente algo que debería ser placentero. Para evitarlo, Reich cocina en su casa, compra productos directamente de fábricas y granjas, y se mantiene aprendiendo. "Si no estás aprendiendo, te quedas en una postal, en algo de dos dimensiones muy aburrido", reconoce. El aprendizaje continuo es su escudo contra el agotamiento.

Su participación como jurado en competencias culinarias ejemplifica esto. Cuando probó más de 30 pizzas en un lapso de 4 a 5 horas para una competencia de la asociación de pizzeros argentinos, el cansancio físico fue real. Pero lo que lo mantuvo enganchado fue la curiosidad: no solo probaba, sino que buscaba entender la intención detrás de cada creación, especialmente en la categoría contemporánea donde los pizzeros se atrevían a experimentar. Aunque muchos fracasaban, la búsqueda de lo distinto, el diálogo con los cocineros sobre sus inspiraciones personales y regionales, le daba sentido al esfuerzo.

La geografía del sándwich y el conservadurismo argentino

Cuando Reich profundiza en la gastronomía argentina, evita deliberadamente hablar siempre de alta cocina. Prefiere destacar que comer es algo transversal, que todos tenemos recuerdos asociados a una comida, que la gastronomía toca fibras personales que van desde lo nostálgico hasta lo aventurero. Por eso su especialización reciente en productos accesibles —picadas, quesos, charcutería y ahora sándwiches— representa una elección consciente de mirar con curiosidad y profundidad lo que damos por descontado.

En sus dos últimos libros sobre picadas trabajó con César Zagario, a quien considera el mejor charcutero de Argentina, y Mauricio Culí, el mejor quesero del país. Estos proyectos reflejan su filosofía: no hay tema gastronómico "menor" si lo mirás con interrogación y disposición a aprender. Los argentinos somos conservadores en materia sandwichera, reconoce. Nuestros grandes sándwiches tienen pocos ingredientes, tienden a repetir sabores predecibles. Pero paradójicamente, es en la categoría del sándwich de miga donde más nos permitimos jugar, donde aparecen versiones agridulces, de palmitos, de alcachofas, variaciones que en otras categorías culinarias argentinas jamás toleraríamos.

Periodismo y placer: dos caras de la misma moneda

Reich distingue claramente entre ser un amante de la gastronomía y ser un profesional de ella. Le gusta la gastronomía, sí, pero le gusta igual —o quizás más— el periodismo. Le importa escribir bien, pensar cómo está narrando, cómo presenta la gastronomía al mundo. Esa dimensión comunicativa es tan fundamental para él como el placer de comer. No habría podido sostener 26 años en la profesión si solo fuera por la comida. El periodismo es lo que le permite profundizar, investigar, cuestionar. Es lo que convierte el acto de comer en un acto de conocimiento.

La frase que cita frecuentemente de su colega Sebastián Campanario lo resume: "No podés competir contra alguien que disfruta lo que hace". Pero Reich agrega una capa más a esa idea: el disfrute genuino viene acompañado de curiosidad, de compromiso disciplinado, de voluntad de aprender los matices de cada cosa. Cuando participó en el jurado de pizzas, eligió deliberadamente la categoría contemporánea —la no tradicional— para enfrentarse con experimentos que podían fallar, con creaciones inesperadas. Esa apertura a lo atípico, combinada con la capacidad de entender por qué un pizzero hizo lo que hizo, es lo que mantiene vivo su trabajo después de tres décadas.

Reich representa al profesional del ocio que habla de Ernesto Martelli: alguien que trabaja para que otros disfruten, pero que además disfruta profundamente de su propio trabajo. Su secreto no es ajeno al placer, sino que lo integra con el aprendizaje, la investigación y la comunicación. En un mundo donde muchos buscan el "mejor laburo del mundo", Reich demostró que es posible lograrlo, pero no sin pasión intelectual, sin curiosidad constante y sin la disposición a seguir aprendiendo, siempre, sobre algo que creías que ya conocías.

Mirá el episodio completo de: Mundial del Sándwich ⎥OCIO #11⎥Ernesto Martelli & Rodo Reich

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